sábado, 6 de diciembre de 2014

LAICO CATÓLICO

Moisés MOLINA

¿Cómo olvidar “El callejón de los Milagros”? ¿Quién no recuerda la Ley de Herodes? ¿Quién no vio “El crimen del padre Amaro”? Esta última, la película más taquillera en las historia del cine mexicano. ¿Por qué, entonces, casi nadie de quien las vio sabe quién fue Vicente Leñero? Si ubican el nombre, seguramente es, para no variar, porque acaba de morir y muchos no terminan de explicarse por qué fue noticia nacional. Las 18 películas, cuyos guiones escribió, son probablemente, la parte más modesta de su legado.

Leñero escribió el guión de las dos primeras y adaptó para el cine, respecto de la segunda, la novela original de José María Esa de Queiroz escrita en 1900.

Es natural. Novelista, guionista, periodista, dramaturgo y por si algo faltara, ingeniero civil de profesión, Vicente Leñero era una especie de eslabón perdido; como todos los genios, lleno de aparentes contradicciones y contrastes. Intentaron atraparlo en un falso dilema. Para los periodistas era un escritor y para los escritores era un periodista. Aunque quizás el dilema no era tan falso y lo resolvió él mismo cuando en entrevista para Letras Libres confesó: “No soy un escritor, aunque he escrito muchas cosas, la mitad debí no haberlas escrito”.

A la par que estudiaba Ingeniería civil, se inscribía en la Carlos Septién a estudiar periodismo.

Si Justo Sierra fue un liberal conservador, Leñero fue un Laico católico. Fue Lasallista, su círculo cercano de amigos entre quienes se encontraban Gabriel Zaid y Javier Sicilia eran también católicos, aunque en modo diferente. ¿Cuál era el contraste? ¿Cuál fue la razón de fondo de su distanciamiento con Zaid? Creo que se puede resumir en sus propias palabras; en “El evangelio de Lucas Gavilán escribió: “Lo único que puedo decirle y hasta jurarle es que hay ateos más cristianos que los cristianos, y cristianos más ateos que los ateos”.

“También los laicos somos iglesia católica y tenemos el derecho de señalar y denunciar, hasta despotricar, lo que ocurre en nuestra realidad religiosa”, le confió a Silvia Cherem en entrevista.

En lo personal, confieso que tengo una especial empatía con los hombres de letras que escriben de futbol y Leñero nos regaló “Así juegan”, no obstante su deporte favorito era el beisbol.

Leñero fue uno de los Fundadores de Proceso. Terminado el sexenio de Luis Echeverría, la nueva revista que reagrupaba a los expulsados de Excélsior pudo haber tenido otro nombre. Leñero quería que le llamaran “Expresión”, pero prevaleció “Proceso”, que había sugerido Enrique Maza.

A pesar de sus contrastes y –como expuso hace unos días Luis de Tavira a la audiencia de Carmen Aristegui- de su pasión por la verdad, Leñero fue de esa extraña especie del hombre de letras que no le tiene fobia a los políticos. Sus razones, nadie las podría resumir con tanta maestría como él mismo: “…a mí tampoco me gusta mucho acercarme a los políticos... a los poderosos... pero entonces, ¿cómo vamos a conocerlos? Hay que verlos de frente, respirarlos, descifrarlos, y después escribir de ellos para los lectores”, explicaba a Martín Moreno mientras desayunaban FIL de 2006 en su natal Guadalajara.

Leñero se une a esa cauda de inmortales escritores de páginas sin tiempo y sin edad, de héroes culturales, de justicieros a pluma armada.

Bellas Artes no podía ser mejor escenario para despedirlo. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Ahí estaba Leñero, de vuelta al polvo. En la estrechez de su urna cupo la inmensidad de su herencia cultural.

Descanse en Paz Vicente Leñero.

Twitter @MoisesMolina

lunes, 1 de diciembre de 2014

HASTA SIEMPRE

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

México ha perdido a un héroe cultural, un emblema, un embajador del ingenio. Y es que si en una de sus acepciones, la cultura tiene que ver con el cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre, a Roberto Gómez Bolaños no se le puede negar, bajo ninguna condición ese título.

No por nada Agustín Delgado le impuso el mote de “Chespirito”. Por su genio y talento le consideraba un pequeño dramaturgo, un Shakespeare mexicano. México perdió al único super héroe latinoamericano con el “chapulín colorado”. ¿Por qué chapulín? Muy probablemente porque la madre de Chespirito era oaxaqueña, de Tlaxiaco.

“Se me chispoteó”, “fue sin querer queriendo”, “la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos, Lucas”, “tómalo por el lado amable”, “síganme los buenos”, “¿insinúa usted que soy viejo?”, son algunas de las frases que muchos latinoamericanos conservamos en la mente como una especie de legado, de herencia. A través de esas “bullets”, Chespirito inaugura, en algún sentido, la mercadotecnia moderna.

La revolución se institucionalizaba con Plutarco Elías Calles y Roberto Gómez Bolaños estaba naciendo en 1929. Acompañó la mayor parte del siglo XX y buena parte del XXI. Sus personajes siguen arrancando risas dentro y fuera de México. A Gómez Bolaños se le venera en otras partes del mundo .

El mismo Maradona llegó a decir que después de una derrota lo único que lo reanimaba era ver a Chespirito.

Hay para quienes las de Gómez Bolaños eran idioteces. El genio no tiene por qué ser violento, ni lascivo. Entre el cine de ficheras, la comedia de albures y el doble sentido, Chespirito fue el genio del humor blanco, humor con mensaje. Valores eran los que inspiraban sus personajes: honestidad, generosidad, amor, justicia, solidaridad. Qué bonita vecindad.

¿No es extraordinaria, genial la alegoría de un niño que vive en un barril y cuyo más grande sueño es siempre una torta de jamón? ¿O la del super héroe paladín de la justicia con antenitas de vinil, pastillas de chiquitolina y un chipote chillón? No hay armas ni sangre, no hay altisonancias ni doble sentido.

A Chespirito, en un principio aficionado al Guadalajara y después totalmente americanista, le gozamos en la infancia y le seguimos disfrutando a la distancia. El suyo es un humor sin tiempo y sin edad. En estos momentos de violencia y tragedias nacionales, debíamos tenerle más presente, hasta por salud mental.

Un homenaje nacional en el estadio Azteca, con una flor en la mano de todos los asistentes, no es para menos. Roberto Gómez Bolaños es parte, nos guste o no, de la cultura y de la historia de México. Es, como se escribe en el diario “La Razón”, “ícono de la cultura de masas en América Latina”.

Con su ausencia física regresa nuestra infancia, grita ese niño que todos llevamos dentro; nuestros sentimientos se encuentran y encuentran síntesis en la gratitud que debe sentirse ante toda manifestación del genio.

Lo he repetido muchas ocasiones; qué más da una más: “los hombres no mueren mientras viven en las mentes de otros hombres” y si pasado el tiempo le llegamos a extrañar algunos, a olvidar otros, habrá sido sin querer queriendo.

Hasta siempre Roberto Gómez Bolaños.

Twitter: @MoisesMolina

domingo, 14 de septiembre de 2014

PERIODISMO, ÉTICA Y PODER

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


A mi amigo Diego Carreño que
representará a Oaxaca en el Concurso
Nacional de Oratoria del diario “El Universal”


Hace ya casi 11 años que apareció, por primera vez en El Imparcial, La X en la Frente. Visiblemente no soy periodista, pero el escribir y publicar se ha vuelto consustancial a mi existir.

Quienes ejercemos el oficio más antiguo y desprestigiado del mundo, que es la política, estamos doblemente expuestos a la crítica cuando de publicar opiniones se trata. Pero ello no es un impedimento, más bien un reto para hacerlo y tratar de cumplir con los lectores.

Es por ello que no puedo ser ajeno a las causas del periodismo, de la prensa libre; de las y los trabajadores de los medios de comunicación que, desde “la línea de fuego” (como dijo Paulina Rios) hacen posible el milagro de la información. Son los periodistas la pieza más importante en el ejercicio del derecho a la información que tienen los ciudadanos.

A invitación de mi amigo José Luis Sarmiento (aunque Daniela Pastrana haya dicho que periodistas y políticos no tienen por qué ser amigos) acudí a la clausura de la Jornada “Periodismo, Ética y Poder”, esfuerzo coordinado de periodistas oaxaqueños e instituciones de educación superior.

El presídium demostraba que si periodistas y políticos no deben ser amigos, no tienen -al menos- por qué ser enemigos. Tres diputados locales, el padre Barragán, el propio Pepe Sarmiento y la invitada especial, Daniela Pastrana.

Más allá de los predecibles mensajes oficialistas locales, fue un deleite escuchar a Daniela. Regularmente es música para los oídos la música que nos viene de fuera, que canta nuestra realidad vista desde “arriba”, sin compromisos, ni ataduras de ningún tipo.

Irreverente pero respetuosa y en todo momento impecable en su léxico, Pastrana vino a dar cátedra, más que de otra cosa, de solidaridad y compromiso con su causa que es la causa de los periodistas de Oaxaca.

¿El tema central? La imposible Ley de Protección a Periodistas. Y es que el periodismo –amable lector, no escapa a la costumbre trienal del congelamiento. Para el legislativo todo parece prioritario, menos lo prioritario.

Por un momento parecieron confundirse las demandas del gremio y la confusión se resumía en una ingeniosa construcción semántica de José Luis Sarmiento: el chayote institucionalizado.

No dudo que haya sido buena la intención de los legisladores al hacer hincapié en la necesidad de un “fondo” como parte central de lo que debía ser la Ley de Protección a Periodistas, pero no debió ser el argumento de fondo.

Daniela Pastrana fue clara cuando decidió ir más allá: “No es obligación del Estado proteger a los periodistas; la obligación del Estado es garantizar el derecho de los ciudadanos a información de calidad”.

La información veraz y oportuna no tiene otra fuente que los propios periodistas, por eso no hay que protegerlos a ellos, hay que proteger su trabajo. Los gobiernos han sido ciegos a la lógica de estas premisas y tienen por caprichos las demandas del periodismo organizado.

La Ley de Protección al Periodista claramente no busca privilegios si no la salvaguarda, en esencia, del derecho a la información y no solamente de la libertad de expresión.

Hace tiempo que Daniela Pastrana no trabaja para ningún medio mexicano. De ahí venga, probablemente, la mayor dosis de su claridad en el tratamiento del tema y hay que agradecer que esa claridad se comparta.

¿Qué hace falta? De las cuatro iniciativas que han estado esperando el deshielo en el congreso del estado, ninguna corresponde a los periodistas organizados. Creo que es hora de que, con toda la capacidad de presión social que tienen a su alcance, los periodistas se organicen y le regalen a Oaxaca una iniciativa de ley que, desde ya, el Partido Verde ecologista de México en Oaxaca, se compromete a impulsar y a coadyuvar en su formulación.

En una coyuntura donde el Congreso del Estado se mueve a voluntad de escasos tres o cuatro nombres, la iniciativa debía prosperar sin mayores complicaciones si los periodistas se organizan verdaderamente y se aplican a fondo. Concitarían, sin problema, la simpatía y el respaldo social necesario y sobrante.

Twitter: @MoisésMolina

viernes, 29 de agosto de 2014

POLÍTICOS MEDIOCRES

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

El actual estado de cosas en Oaxaca puede asumir las más diversas explicaciones. Últimamente he estado cavilando en torno a una de ellas; no con un afán ocioso, sino de transformación. Es menester poner manos a la obra porque si lo hacemos todos así, el cambio es posible.

Cuando, a diario, interactúo con mis compañeros y amigos, veo sus rostros, escucho sus palabras, comparto sus ideas y atestiguo sus sueños; cuando sé de sus proyectos y atisbo sus muy diferentes formas de concebir la realidad y de encarar la vida, la chispa no solo se manifiesta, sino deslumbra. Recibo el mensaje de que hay presente y hay futuro, porque hay esperanza.

A esos guerreros y guerreras de la vida -anónimos para muchos- van dedicadas estas líneas. No solo a los verdes, sino a todos aquellos que desde su militancia o desde su apartidismo, hacen lo que pueden y no se resignan a ser espectadores.

La política en Oaxaca (y no se necesita pertenecer a un partido, estar en el gobierno o ser diputado para hacer política) ha caído en la peor de las desgracias: la mediocridad.

¿Quién es un político mediocre? El que subsiste, el que sobrevive, el que se deja arrastrar por la corriente de los acontecimientos; el que no se informa; el que escucha noticieros o lee periódicos o revistas satisfecho del morbo; al que le da igual que las cosas cambien o no, lo mismo que quien desea que los cambios se den sin mover un dedo.

Un político mediocre es el que administra la eufonía de un membrete; el que reduce su tarea a repartir tarjetas de presentación y espera que se le rinda pleitesía; el que vive en un Olimpo y quien no se puede tocar ni con el pétalo de un tweet.

La mediocridad gangrena al que espera hasta el último momento para definirse, para abrazar una causa. Un político mediocre es quien busca siempre el confort que brinda la seguridad de saberse con el ganador; el que no está dispuesto a arriesgar nada; el que no busca y ni siquiera se deja encontrar.

Un político mediocre es un ser humano sin hambre de futuro, sin metas; el que pusilánime se incomoda y estalla en cólera ante la acción y el trabajo de otros; el que solo quiere hablar y no tiene nunca tiempo para escuchar; el que manda acostumbrado a que su voluntad siempre se haga y no participa, no se involucra, no arrastra con el ejemplo.

¿Cuál es la clave contra la mediocridad? Pasión, vocación o inspiración que sin ser lo mismo, comparten la misma raíz emocional.

¿Tenemos políticos apasionados? ¿Tenemos políticos con vocación? ¿Tenemos políticos inspirados?

Hace no mucho leí a Valdano, que para ser futbolista es mejor político que muchos que conocemos. Me atrapó la forma en que concibe la pasión: “La pasión contiene el amor a la tarea, y esa emoción se las ingenia para convertir en reto las largas sesiones de entrenamientos; en tolerable la disciplina de eso que hemos dado en llamar ; en seductores, los sueños que anticipan días de gloria”.

¿Qué decir respecto de la vocación? De mi actual lectura comparto: “Entre sus varios seres posibles, cada hombre siempre encuentra uno que es su ser genuino y auténtico. La voz que lo llama a ese ser auténtico es lo que denominamos ”.

Tenemos, en exceso, políticos cuyo ser “genuino”, “auténtico”, es de empresarios, de médicos, de arquitectos, de comerciantes, de artistas, de agitadores, de estafadores. Su vocación es otra, no la política; de ahí que a los gobernados les regalan solo tristezas, amarguras y sin sabores, siendo que el fin de la política es la felicidad.

¿Por qué necesitamos políticos inspirados? Dejémosle la respuesta a Greene: “Cuando llevamos a cabo una actividad que responde a nuestras inclinaciones más hondas, quizá experimentemos un dejo de esto: la sensación de que las palabras que escribimos o los movimientos que hacemos ocurren con tal rapidez y facilidad que nos llegan de fuera. Nos sentimos literalmente , palabra latina que significa que algo externo alienta en nuestro interior”.

He ahí las razones de los políticos chambistas, lacónicos, pusilánimes, ayunos de emociones, hastiados, fastidiados, sin ubicuidad. He ahí la explicación del que habiendo ganado una elección o alcanzado un nombramiento o designación, cambia radicalmente su actitud y se desentiende, se ausenta, renuncia a lo que debía ser el más alto honor: servir.

Después de satisfecha la necesidad de triunfo y reconocimiento, al ego no le sirve el servicio. Muerta la capacidad de asombro, atrofiada la disposición a aprender caminan como en un campo minado. Su única preocupación es no pisar en el lugar equivocado. No hay que arriesgar, no hay lugar a la temeridad, hay que aguantar, mediocremente.

Ya basta de políticos a quienes no les guste lo que hacen; ya basta de políticos obsesivos de la manera más fácil posible de ganar dinero.

Oaxaca merece políticos con vocación, con pasión e inspirados que estén dispuestos a transformar más allá de los aplausos, más allá de las críticas, más allá de los periodicazos, lejos de las consignas.

Esa no puede ser tarea de nadie más que de la nueva generación.

lunes, 25 de agosto de 2014

GABINO, REACCIONA!

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


¿Qué hacer frente al hartazgo? La gente, nuestra gente, parece estar harta de todo; hasta de la política, de los partidos, de los mismos de siempre, de la falta de oportunidades, de una situación económica personal de insatisfacción; harta de las campañas, de los diputados, de los senadores y de su gobernador.

La gente está hasta del cambio porque ya no encuentra referente y lo resume en un ardid publicitario, un engaño.

¿Qué ha cambiado en Oaxaca? Prácticamente nada y los cambios perceptibles son para mal. Falta de circulante, parálisis económica, partos en los patios de las clínicas, desabasto de medicamentos, un creciente número de negligencias en diverso grado en las instituciones públicas de salud; un vacío de autoridad capitalizado por la delincuencia, asaltos (lo mismo a autotransportes turísticos que a comunicadores), un secretario de seguridad pública erigido en capricho gubernamental, una ciudad secuestrada por organizaciones sindicales que paralizan no solamente el tránsito vehicular.

La violencia parece ser la constante en Oaxaca; violencia de palabra y obra que la omisión gubernamental incentiva. El ejecutivo ya no ejecuta, pretexta.

No sé si exista un estado más sufrido que el nuestro. No sé si exista parangón en estoicismo para una ciudadanía que ha soportado de todo y que ha sido testigo de todo lo que el anti gobierno pueda significar. En Oaxaca, claro está que no se gobierna, se administra el conflicto.

Los operadores más experimentados no han podido hacer nada, simple y sencillamente porque no hay liderazgo, una punta de lanza, una figura de autoridad que infunda respeto, que encarne la investidura. Y lo más grave es que al gobernador no parece importarle.

Gabino Cué se ha alejado paulatinamente de su pueblo, de ese que se volcó en las urnas para elegirlo, porque de los demás nunca pareció ocuparse; nunca los vio, nunca los escuchó.

La oposición es una entelequia y ¿cómo no serlo cuando el poder es ciego y sordo? Ensimismado en soliloquios complacientes, en notas pagadas, ayuno de reflexión disfraza la complacencia con harapos de tolerancia; oculta la incompetencia tras montañas de excusas que ya a nadie importan.

Los ciudadanos, los pocos que se organizan sienten una doble impotencia; impotencia por la situación reinante de inseguridad, caos y crisis económica e impotencia por la sordera y ceguera de quien debía estar obligado no solo a escuchar, sino a responder.

¿Para qué gobernar entonces? ¿Para qué el poder? ¿Qué motiva al gobernante a permanecer en el cargo?

Quizá sea solo mi percepción, pero al gobernador se le nota cada vez más el fastidio. Lo que debía ser el más alto honor para un oaxaqueño, parece haberse convertido en el mayor lastre, en la más grande molestia. Con ese ejemplo ¿qué esperar de sus funcionarios?

¿Le tocó a usted ver a Gabino candidato? ¿Es el mismo en actitud como gobernante?

La diferencia visible entre candidato y gobernante debía ser que el primero representa a un partido o a una coalición o, si se le quiere ver de distinta forma, a un proyecto político, mientras el segundo representa a todos, gobierna para todos. Gabino no gobierna para nadie; en este último trecho parece no gobernar ya ni siquiera para el mismo ni su grupo.

Lo lamentable no es ya si Gabino se separa o no del cargo, que renuncie a sus funcionarios; lo desolador son los argumentos que está procurando a la gente para responderse ¿para qué votar? No es ya solamente asunto del poder ejecutivo, del gobierno; es asunto de la democracia y de uno de sus valores centrales: la participación.

Este gobierno podría tener como principal herencia más abstencionismo. A estas alturas haga usted –amable lector- el siguiente ejercicio: Diga en voz alta lo primero que se le venga a la mente cuando lea “Gabino”. Probablemente no alcance usted a hilar una frase, ni siquiera una palabra. Tal vez una elocuente expresión se dibuje en su rostro como un acto reflejo.

¿Qué hacer para que nuestro gobernador entienda dónde está sentado? ¿Qué hacer para qué reaccione? ¿Qué hacer para que el gobierno recupere sus pies y sus manos y le sirvan para algo más que para tomarse la cintura y rascarse la cabeza? ¿Qué hacer para que abra los ojos, se destape los oídos y asuma la responsabilidad por millones de personas afectadas por el accionar del gobierno? Seguro de que nuestro gobernador ni siquiera leerá esta columna y con serias sospechas de que ya ni siquiera lea la prensa, le dejo a usted estas interrogantes.

La respuesta debía estar en el legislativo, dándole sentido al equilibrio de poderes. Pero el legislativo parece haber caído también en la trampa del ornato. Ni lo ven ni lo oyen, quizás porque no habla fuerte ni claro.

viernes, 15 de agosto de 2014

NECRÓPOLIS

Pareciera que los oaxaqueños no solo nos acostumbramos, sino poco a poco nos “adaptamos” a las aberraciones que casi a diario suceden en Oaxaca. Creo que eso es lo más preocupante entre todo lo preocupante de nuestra realidad.

Mientras veo las fotografías de mi amigo Jorge Luis Plata ya no me pregunto hasta dónde hemos llegado, sino hacia dónde vamos como sociedad. Con una sonrisa que solo puede dibujar la satisfacción, una mujer aprisiona contra su pecho dos botes de aceite y uno de aditivo para carro mientras se retira en actitud triunfal. La escena corresponde al saqueo –no podemos usar otro término- de los anaqueles de la gasolinera de Cinco Señores en la capital de Oaxaca, en el marco de una jornada más de “activismo” magisterial.

Un joven (aunque no se deja ver el rostro, se percibe por su vestimenta) extrae más producto de la rejilla de los aceites para llevárselo o para repartir, mientras en el fondo otra mujer, también sonriente, observa el entorno de la escena.

Es la escena de un robo. Más allá de las leyes, de los tipos penales, todos sabemos lo que es un robo y es lo que la fotografía que describo exhibe.

¿Cómo justificar un robo? ¿Es que el magisterio pretende erigirse en un Robin Hood colectivo quitándole a los “ricos” para entregarle a los “pobres”? Si es así, que se preparen todos. Si ya pasó en oficinas, en casetas de cobro y en gasolineras, mañana pueden ser otras empresas o comercios y pasado mañana la casa de cualquiera.

¿De quién es la culpa de acciones como esta? ¿Del magisterio que violenta? ¿Del gobierno que tolera? ¿De los ciudadanos que hicieron fila para que les cargaran su tanque o les dieran aditivos o lubricantes? En esa escena hay delincuentes y cómplices. Hay quienes violan la ley por acción y fuera de la foto, dando declaraciones, quienes la violan por omisión.
Y hay cómplices que reciben, sonriendo triunfales, parte de lo robado.

Abroguemos entonces todas las leyes; las que castigan a los delincuentes, así como las que obligan a la autoridad a proteger a los gobernados en su patrimonio y a mantener el orden social. Que nuestros gobernantes envíen iniciativas al congreso para que la parte dogmática de nuestras constituciones – aquella que consagra las garantías individuales- y los códigos penales desaparezcan de nuestro sistema jurídico.

La realidad es que en Oaxaca vivimos una hipocresía institucional. Nuestra ciudad se ha convertido en una necrópolis de leyes insepultas. Hay hedor por todas partes y para el gobierno del estado la solución es el aromatizante de los pretextos y las falacias. Eufemismos por aquí, eufemismos por allá.

Y en medio, una sociedad irreflexiva, sonámbula, distante, más que dispuesta a sacar provecho de la inmediatez. Era fiesta lo que debía ser un funeral. La conciencia cívica se vendía a cambio de unos botes de “mexlub”.

No es un gobierno tibio, es un gobierno con rigor mortis; no es un gobierno al que le tiembla la mano, es un gobierno al que no le faltan ya solo los pies, sino también las manos. El gobierno no tan solo no camina administrativamente, sino que tampoco aplica la ley. El gobernante de la coalición, con la izquierda se toma la cintura y con la derecha se rasca la cabeza. Que envíe entonces también una iniciativa al congreso para que sus funciones constitucionales se reduzcan a eso… y todos contentos.

Mezquinamente, la clase gobernante está pensando en sí misma y no en las instituciones cuya investidura representa. No piensan en Oaxaca, les obsesiona el costo político. Apuestan al perdón y al olvido. Total, a la hora de las elecciones es borrón y cuenta nueva. Hoy, la sección 22 repartió gasolina y aceite; en el proceso electoral el gobierno repartirá cemento, varilla, lámina, tinacos y dinero en efectivo que es hasta ahora fórmula infalible. En el inter, que Oaxaca se joda, que el tejido social se siga desgarrando, que la cultura cívica permanezca en los libros de texto, que el alto honor de servir a Oaxaca desde el gobierno se quede en la versión estenográfica del discurso de toma de protesta.

Oaxaca hoy llora… una vez más.

domingo, 10 de agosto de 2014

¿AÚN CREES EN EL CAMBIO?


Agosto es el mes de las y los jóvenes. Desde el año 2000 y a sugerencia de la Conferencia Mundial de Ministros de la Juventud, celebrada en Lisboa entre el 1998, se celebra cada 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud, por resolución del Consejo General de la ONU.

Si es relativamente reciente la preocupación oficial por “celebrar” a la juventud, no sabemos cuánto tiempo habrá de pasar antes de las y los jóvenes sean, con toda seriedad, tomados en cuenta como actores en sus sociedades.

Los jóvenes siguen siendo, para efectos prácticos, un grupo vulnerable incapaz de valerse por sí mismo. Siguen padeciendo la acción de otros; continúan sufriendo las decisiones de otros. Su vida sigue siendo definida en ámbitos donde los jóvenes aún no tienen cabida real y los sinceros pero aislados esfuerzos de organización y opinión son a todas luces gotas en el océano de la adultez.

Hay una perversa visión que impera en nuestra vida cotidiana y los jóvenes siguen siendo niños o discapacitados sociales y políticos. Lo que el joven tiene que decir cobra relevancia solo cuando “cuadra” en la lógica del adulto; lo que el joven quiere hacer es válido solamente si “encaja” en la agenda del mundo de la adultez.

El problema es que los jóvenes siguen pidiendo o en el mejor de los casos exigiendo voz, espacios, atención, participación, “un chance” en el mundo de los adultos. Ahí radica el problema: no se debiera pedir lo que bien se puede tomar.

Con el peso poblacional de la juventud en pleno año 2014 y más allá, con la histórica proporción de jóvenes que hoy pueden votar en países como México, resulta irónico entender que el accionar de este grupo de edad se reduzca a pedir, incluso a exigir.

El joven no termina de afianzarse como agente transformador teniendo todas las condiciones y legitimidad para hacerlo.

Comparto algunas cifras reveladoras: de casi 86 millones de mexicanos con credencial para votar en el bolsillo, 35 millones y medio tienen entre 18 y 34 años.

El 41 por ciento de la lista nominal (4 de cada diez mexicanos listos para emitir su voto) son jóvenes en espera de “un chance”. ¿Cuándo llegará esa oportunidad? El día en que este grupo sufragista esté suficientemente representado en los gobiernos y en los congresos y eso no pasará mientras la noción de acción siga siendo mal entendida.

Y hay más: los tres grupos de edad más numerosos del electorado, según cifras del INE (http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/Estadisticas_Lista_Nominal_y_Padron_Electoral/) al primero de agosto pasado, son en orden descendente, el grupo de 25 a 29 años; después el de 30 a 34 y por último, el de 20 a 24.

¿Qué nos dicen estos números? Que los jóvenes pueden definir, sin problemas, una elección. De ahí que hay que cuidar a quién se le da el voto y antes de ello, cobrar conciencia de la importancia de ir a votar.

Podrá decirse que a la hora de las elecciones no hay opción válida para los jóvenes, que no hay quien represente a la juventud, que “siempre” son “los mismos de siempre”, que no hay confianza y ni siquiera simpatía por los partidos; y son argumentos válidos y perfectamente entendibles a la luz de la realidad.

Los jóvenes deben entonces, como parte de su accionar, irrumpir en los partidos. Está demostrado que a los adultos se les ha acabado la imaginación y en no pocos casos, la energía para hacer política. Cuando caen en la zona de confort que les brinda la apatía del grueso de la población, incluida la juventud, termina la política y empieza la grilla, la componenda, el cochupo, la tranza.

Opciones siempre habrá, terreno fértil siempre habrá. Es cuestión de saber encontrarlos.

Si pensáramos en una sociedad ideal donde todos los jóvenes se organizaran en torno a liderazgos correctos y limpios, los partidos, incluidas sus cúpulas, no tendrían más que obedecer los dictados de la realidad.

Si el cambio es posible, tiene que empezar por un cambio de generación. Es el tiempo.