viernes, 15 de agosto de 2014

NECRÓPOLIS

Pareciera que los oaxaqueños no solo nos acostumbramos, sino poco a poco nos “adaptamos” a las aberraciones que casi a diario suceden en Oaxaca. Creo que eso es lo más preocupante entre todo lo preocupante de nuestra realidad.

Mientras veo las fotografías de mi amigo Jorge Luis Plata ya no me pregunto hasta dónde hemos llegado, sino hacia dónde vamos como sociedad. Con una sonrisa que solo puede dibujar la satisfacción, una mujer aprisiona contra su pecho dos botes de aceite y uno de aditivo para carro mientras se retira en actitud triunfal. La escena corresponde al saqueo –no podemos usar otro término- de los anaqueles de la gasolinera de Cinco Señores en la capital de Oaxaca, en el marco de una jornada más de “activismo” magisterial.

Un joven (aunque no se deja ver el rostro, se percibe por su vestimenta) extrae más producto de la rejilla de los aceites para llevárselo o para repartir, mientras en el fondo otra mujer, también sonriente, observa el entorno de la escena.

Es la escena de un robo. Más allá de las leyes, de los tipos penales, todos sabemos lo que es un robo y es lo que la fotografía que describo exhibe.

¿Cómo justificar un robo? ¿Es que el magisterio pretende erigirse en un Robin Hood colectivo quitándole a los “ricos” para entregarle a los “pobres”? Si es así, que se preparen todos. Si ya pasó en oficinas, en casetas de cobro y en gasolineras, mañana pueden ser otras empresas o comercios y pasado mañana la casa de cualquiera.

¿De quién es la culpa de acciones como esta? ¿Del magisterio que violenta? ¿Del gobierno que tolera? ¿De los ciudadanos que hicieron fila para que les cargaran su tanque o les dieran aditivos o lubricantes? En esa escena hay delincuentes y cómplices. Hay quienes violan la ley por acción y fuera de la foto, dando declaraciones, quienes la violan por omisión.
Y hay cómplices que reciben, sonriendo triunfales, parte de lo robado.

Abroguemos entonces todas las leyes; las que castigan a los delincuentes, así como las que obligan a la autoridad a proteger a los gobernados en su patrimonio y a mantener el orden social. Que nuestros gobernantes envíen iniciativas al congreso para que la parte dogmática de nuestras constituciones – aquella que consagra las garantías individuales- y los códigos penales desaparezcan de nuestro sistema jurídico.

La realidad es que en Oaxaca vivimos una hipocresía institucional. Nuestra ciudad se ha convertido en una necrópolis de leyes insepultas. Hay hedor por todas partes y para el gobierno del estado la solución es el aromatizante de los pretextos y las falacias. Eufemismos por aquí, eufemismos por allá.

Y en medio, una sociedad irreflexiva, sonámbula, distante, más que dispuesta a sacar provecho de la inmediatez. Era fiesta lo que debía ser un funeral. La conciencia cívica se vendía a cambio de unos botes de “mexlub”.

No es un gobierno tibio, es un gobierno con rigor mortis; no es un gobierno al que le tiembla la mano, es un gobierno al que no le faltan ya solo los pies, sino también las manos. El gobierno no tan solo no camina administrativamente, sino que tampoco aplica la ley. El gobernante de la coalición, con la izquierda se toma la cintura y con la derecha se rasca la cabeza. Que envíe entonces también una iniciativa al congreso para que sus funciones constitucionales se reduzcan a eso… y todos contentos.

Mezquinamente, la clase gobernante está pensando en sí misma y no en las instituciones cuya investidura representa. No piensan en Oaxaca, les obsesiona el costo político. Apuestan al perdón y al olvido. Total, a la hora de las elecciones es borrón y cuenta nueva. Hoy, la sección 22 repartió gasolina y aceite; en el proceso electoral el gobierno repartirá cemento, varilla, lámina, tinacos y dinero en efectivo que es hasta ahora fórmula infalible. En el inter, que Oaxaca se joda, que el tejido social se siga desgarrando, que la cultura cívica permanezca en los libros de texto, que el alto honor de servir a Oaxaca desde el gobierno se quede en la versión estenográfica del discurso de toma de protesta.

Oaxaca hoy llora… una vez más.

domingo, 10 de agosto de 2014

¿AÚN CREES EN EL CAMBIO?


Agosto es el mes de las y los jóvenes. Desde el año 2000 y a sugerencia de la Conferencia Mundial de Ministros de la Juventud, celebrada en Lisboa entre el 1998, se celebra cada 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud, por resolución del Consejo General de la ONU.

Si es relativamente reciente la preocupación oficial por “celebrar” a la juventud, no sabemos cuánto tiempo habrá de pasar antes de las y los jóvenes sean, con toda seriedad, tomados en cuenta como actores en sus sociedades.

Los jóvenes siguen siendo, para efectos prácticos, un grupo vulnerable incapaz de valerse por sí mismo. Siguen padeciendo la acción de otros; continúan sufriendo las decisiones de otros. Su vida sigue siendo definida en ámbitos donde los jóvenes aún no tienen cabida real y los sinceros pero aislados esfuerzos de organización y opinión son a todas luces gotas en el océano de la adultez.

Hay una perversa visión que impera en nuestra vida cotidiana y los jóvenes siguen siendo niños o discapacitados sociales y políticos. Lo que el joven tiene que decir cobra relevancia solo cuando “cuadra” en la lógica del adulto; lo que el joven quiere hacer es válido solamente si “encaja” en la agenda del mundo de la adultez.

El problema es que los jóvenes siguen pidiendo o en el mejor de los casos exigiendo voz, espacios, atención, participación, “un chance” en el mundo de los adultos. Ahí radica el problema: no se debiera pedir lo que bien se puede tomar.

Con el peso poblacional de la juventud en pleno año 2014 y más allá, con la histórica proporción de jóvenes que hoy pueden votar en países como México, resulta irónico entender que el accionar de este grupo de edad se reduzca a pedir, incluso a exigir.

El joven no termina de afianzarse como agente transformador teniendo todas las condiciones y legitimidad para hacerlo.

Comparto algunas cifras reveladoras: de casi 86 millones de mexicanos con credencial para votar en el bolsillo, 35 millones y medio tienen entre 18 y 34 años.

El 41 por ciento de la lista nominal (4 de cada diez mexicanos listos para emitir su voto) son jóvenes en espera de “un chance”. ¿Cuándo llegará esa oportunidad? El día en que este grupo sufragista esté suficientemente representado en los gobiernos y en los congresos y eso no pasará mientras la noción de acción siga siendo mal entendida.

Y hay más: los tres grupos de edad más numerosos del electorado, según cifras del INE (http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/Estadisticas_Lista_Nominal_y_Padron_Electoral/) al primero de agosto pasado, son en orden descendente, el grupo de 25 a 29 años; después el de 30 a 34 y por último, el de 20 a 24.

¿Qué nos dicen estos números? Que los jóvenes pueden definir, sin problemas, una elección. De ahí que hay que cuidar a quién se le da el voto y antes de ello, cobrar conciencia de la importancia de ir a votar.

Podrá decirse que a la hora de las elecciones no hay opción válida para los jóvenes, que no hay quien represente a la juventud, que “siempre” son “los mismos de siempre”, que no hay confianza y ni siquiera simpatía por los partidos; y son argumentos válidos y perfectamente entendibles a la luz de la realidad.

Los jóvenes deben entonces, como parte de su accionar, irrumpir en los partidos. Está demostrado que a los adultos se les ha acabado la imaginación y en no pocos casos, la energía para hacer política. Cuando caen en la zona de confort que les brinda la apatía del grueso de la población, incluida la juventud, termina la política y empieza la grilla, la componenda, el cochupo, la tranza.

Opciones siempre habrá, terreno fértil siempre habrá. Es cuestión de saber encontrarlos.

Si pensáramos en una sociedad ideal donde todos los jóvenes se organizaran en torno a liderazgos correctos y limpios, los partidos, incluidas sus cúpulas, no tendrían más que obedecer los dictados de la realidad.

Si el cambio es posible, tiene que empezar por un cambio de generación. Es el tiempo.

lunes, 4 de agosto de 2014

WHO WATCH THE WATCHMEN?

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

Esta era la pregunta que se dejaba ver como consigna en las paredes de alguna caótica ciudad de Estados Unidos en una de las escenas iniciales de “Watchmen”, la película dirigida por Zack Snyder; ¿Quién vigila a los vigilantes?

Este aventurado proemio a una columna política va alejándose de la frivolidad que puede sugerir una producción de Universal Studios y Paramount Pictures cuando se toma en cuenta que está basada en una novela gráfica del mismo nombre, hecha posible por tres genios: el escritor Alan Moore, el artista Dave Gibbons, y el colorista John Higgins.

¿Qué motivó a Moore? ¿Cuál fue el punto de partida, no solo del título, sino de la trama? La misma pregunta que en latín formulara hace 19 siglos el poeta romano Juvenal: “Quis custodiet ipsos custodes?”

Aunque la pregunta original de Juvenal versaba sobre la fidelidad en el matrimonio, su uso se extendió inevitablemente a la filosofía política y más estrechamente a lo planteado por Platón en “La República” respecto del gobierno y la moral; y posteriormente a la famosa doctrina de la división de poderes.

No sin abrir la puerta a la polémica, es válida para muchas y muchos, la idea de que hoy tenemos un cuarto poder que vigila a los tres restantes en las democracias. La prensa es el nuevo “vigilante” y ante el auge de las redes sociales no es menester abrazar el ministerio del periodismo para vigilar la actuación, incluso de la prensa.

La pregunta en el fondo sigue inalterada siempre que los “vigilantes” existan ¿Quién los vigila a ellos?

No en mi intención que se tome esta reflexión siquiera como un pétalo que toque la libertad de expresión. Que quede claro. Todas y todos podemos expresar cuanto se nos venga en gana aunque al amparo de la libertad de expresión se dé rienda suelta a la irresponsabilidad.

El aserto de fondo debe, sin embargo cambiar su sentido. No es que cada quien opine lo que quiera opinar; es que cada quien crea lo que quiere creer. Y entramos a los escabrosos paisajes del libre albedrío, la desinformación, la propaganda y la credibilidad.

No es un tema sencillo, amable lector, pero sus efectos prácticos no son tan complicados en un público responsable y parte de la responsabilidad es estar lo mejor informado posible.

En un país cuya realidad es dominada por la política, donde las percepciones de la gente son vorazmente disputadas por intereses contrapuestos y donde la lucha más encarnizada se da por los votos que son la moneda de cambio del poder, la irresponsabilidad al informar está a la orden del día.

Por eso Oaxaca y México no tienen concordia. Pareciera que esta guerra por la conquista de las percepciones solo arroja perdedores. Izquierda contra derecha; gobiernistas contra anti-gobiernistas; sección 22 contra sección 59; empresarios y comerciantes contra sección 22; La Jornada contra el Reforma; obradoristas contra peñanietistas; reformistas energéticos contra anti-reformistas; y los partidos políticos enconados entre sí.

¿Quién tiene la razón? Que el veredicto final lo den los vigilantes. Pero cuando encontramos vigilantes con se$go, vigilantes carentes de objetividad, vigilantes con intereses egoístas, vigilantes con filias o con fobias, vigilantes con consigna, asaltantes a pluma armada o vigilantes volubles y proclives a decir una cosa como a decir otra, no podemos encontrar garantía.

Los ciudadanos más críticos, entonces, terminan por hartarse y ensimismarse en la inmediatez de sus asuntos. No hay faros, no hay guías, no hay puntos de referencia.

¿Ejemplos más cercanos a nosotros? ¿Qué le parece la guerra de percepciones respecto a las recientes movilizaciones violentas de la sección 22 contra oficinas priistas? Lo que menos importa a quienes emiten juicios y reparten paternidades y culpas es la verdad del asunto. Su mezquina intención es causar daño al adversario político, más por frustración que por esperanza de que así suceda. Que Oaxaca se joda si de ello se saca raja política culpando al enemigo, aunque sea del mismo partido.

Cuando usted –amable lector- lea este tipo de juicios pida pruebas, cuestione, exija que, en un acto de respeto hacia usted, se le den argumentos sólidos. Mucha de esa información es comida procesada y muy procesada. Haga que dejen de pensar que usted come de su mano. No permita que le den trato de torpe, por decir lo menos.

Comience usted a vigilar a estos falsos vigilantes.

TWITTER: @MoisesMolina

domingo, 27 de julio de 2014

#OaxacaEstáDeFiesta

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


#OaxacaEstáDeFiesta es uno de los hashtags que se ha posicionado la última semana en las redes sociales. Y en efecto, Julio es el mes en que Oaxaca se redime ante el mundo como reflejo espiritual de México.

Nuestros dolores sociales y nuestra parálisis gubernamental no impiden que Oaxaca brille, al menos en Julio. Por más que parezcamos empeñarnos en sepultar aquello que siempre nos ha distinguido por aquello que últimamente comienza a distinguirnos, Oaxaca sigue siendo referente de espiritualidad, de folclor, de tradición y de mito.

Una inmarcesible riqueza cultural y la bendición de su geografía y su biodiversidad hacen de Oaxaca un pequeño continente; todas nuestras etnias, lenguas y costumbres hacen de Oaxaca, para los visitantes, un lugar fuera del mundo.
En julio se acendra la fiesta del aroma, del sabor, del color, del sonido, del movimiento y de las formas. Es la síntesis de milenios de esa, nuestra historia, que han escrito y transmitido nuestras mejores mujeres y nuestros mejores hombres.

¿La paradoja? A fuerza de volverse casi cotidiano, todo este mosaico que embelesa al “extraño”, parece volverse rutinario para el oaxaqueño inconsciente de lo que Oaxaca representa para el mundo y no solo para México. ¡Somos patrimonio de la HUMANIDAD! No del gobierno, no de los partidos, no de las organizaciones sociales ni de los sindicatos. Oaxaca llora el resto del año con bloqueos, marchas, manifestaciones, asesinatos,violaciones a los derechos humanos, pobreza material… y comienza a llorar incluso en el mes de julio.

Hacer de la “Guelaguetza” rehén de cualquier causa, por legítima que sea, es un crimen cultural, más aún si tomamos en cuenta que Oaxaca vive del turismo.

Nuestra riqueza cultural pareciera indisolublemente ligada a nuestra pobreza material. Necesitamos la imaginación de nuevas generaciones que resuelvan el dilema que haga compatible la prosperidad económica con la preservación y fomento de lo más valioso que podemos tener: ese patrimonio intangible que los lunes del cerro, en su significación, sintetizan.

Oaxaca necesita de todas y de todos. ¿Qué nos hace falta? Concordia. Las organizaciones y los sindicatos no tienen por qué ser enemigas de gobierno ni de los ciudadanos; así como los gobiernos y la ciudadanía no debe ver en organizaciones y sindicatos, hordas de oportunistas que ven solo por intereses de sus “líderes”. Necesitamos poner de pié lo que se ha puesto de cabeza y para ello es necesario aquello que pareciera extraído de una novela de ficción: buena voluntad de todas y todos.

Hoy los vecinos están cada vez más distanciados; las familias más desunidas o de plano desintegradas; los padres de familia pelean contra los profesores; y los profesores entre sí. Las organizaciones sociales compiten entre ellas por el etiquetamiento de los programas gubernamentales y Oaxaca, tan rica culturalmente permanece tan pobre como siempre.

El mes de julio es una inmejorable oportunidad para reflexionar en torno a lo que será la herencia de nuestros niños y de la estafeta que tomarán los jóvenes a la vuelta de la esquina.

Con cada recorrido que hacemos, desde la modestia de nuestra responsabilidad, por el interior del estado, se renueva una esperanza: la esperanza de que Oaxaca es más grande que sus problemas porque Oaxaca es del tamaño de su gente; de esa gente que no deja de esforzarse; que se ocupa de sí misma y de sus familias y además se toma tiempo para intervenir en los asuntos colectivos.

En cada Oaxaqueño consciente de nuestra grandeza como reflejo espiritual, duerme un líder. Hay que despertarlo.

Twitter: @MoisesMolina

miércoles, 16 de julio de 2014

DERRIBAR LAS PUERTAS, ROMPER LAS VENTANAS


A Jarumy Méndez y Diego Carreño, integrantes

de la #EsperanzaVerde y campeones

estatales de debate político 2014

Hemos celebrado el Día Mundial de la Población. La temática, que con cada año cambia a iniciativa de la ONU, este año fue “Invertir en la Juventud”. Nunca como ahora (y me refiero a los años recientes) las y los jóvenes habían estado tan presentes en el discurso.

Es una lástima que sea solo en el discurso.

Hoy somos un poco más de 7, 000 millones de habitantes que el planeta tenía en 2011. En 60 años casi nos triplicamos. De esa cantidad, 1,800 millones son jóvenes.

El bono demográfico nos alcanzó, incluso en México. Nunca antes había existido una proporción similar de jóvenes. Pero seguimos viviendo en una gran paradoja que hace obligado un cambio de paradigma. El peso poblacional de la juventud se ve reflejado solo en la estadística y su participación económica, social y política no se ve por ningún lado.

La juventud camina en círculos y esos círculos son viciosos. No se incentiva por parte de la generación adulta empoderada su inclusión, y consecuentemente la apatía se convierte en cáncer que la mantiene vegetando y a la expectativa de las migajas que los gobiernos les avienten. Tratándose de juventud no hay oportunidades, hay mendrugos.

Los jóvenes no confían en sus gobiernos porque los gobiernos desprecian olímpicamente a la juventud. Y si eso no fuera suficientemente grave, en los partidos políticos (que tienen la fundamental responsabilidad de preparar a la clase política y hacerla acceder a los espacios de toma de decisiones por la vía de las elecciones) el desprecio se reproduce.

No hay una reserva para el relevo generacional, no existe un trabajo serio de formación de cuadros políticos y todo cuanto se hace son esfuerzos aislados que se disuelven en el mar de la indolencia.

Hablo de mi experiencia personal. El tiempo que tuve la oportunidad de servir al frente de la Comisión Estatal de la Juventud de Oaxaca, la dependencia ejercía un presupuesto anual que correspondía a lo que, por ejemplo y guardando proporciones, la Secretaría de Salud ejercía en un solo día. Los funcionarios encargados de la atención a los jóvenes harán lo que puedan, pero sin voluntad de los que mandan, nunca será suficiente.

La ausencia de políticas públicas transversales empeora la situación de las y los jóvenes en sus municipios. La salud, la educación y la alimentación se atienden aún en un marco de violaciones a los derechos humanos de las mujeres y de los jóvenes. La bolsa de trabajo y los financiamientos para pequeñas y medianas empresas llegan a pocas personas y a casi a ningún joven.

¿Cuál fue el mensaje que el pasado 11 de julio emitió el líder formal de la ONU ante esta realidad que no niega? “En este Día Mundial de la Población hago un llamamiento a todas las personas con INFLUENCIA para que den PRIORIDAD a los jóvenes en los planes de desarrollo, refuercen las asociaciones con las organizaciones juveniles e incluyan a los jóvenes en la adopción de cualquier decisión que les afecte. Mediante el empoderamiento de los jóvenes de hoy sentaremos las bases de un futuro más sostenible para las generaciones futuras”.

El mensaje es claro y hasta lapidario, lástima que seguirá quedando solo en mensaje. El llamamiento debía ser más bien a las y los jóvenes a que toquen las puertas de esas personas con influencia y en caso de no abrirse, que las derriben. Los jóvenes deben tomar por sí, lo que jamás encontrarán como concesión graciosa.

Si como jóvenes nos organizamos, independientemente de los espacios, seremos obligadamente tomados en cuenta. Necesitamos tomar por la fuerza lo que por derecho y lógica elemental nos corresponde. Aunque, aclaro, por la fuerza de la razón que motive una acción enérgica, determinante, pero responsable y justa. La problemática de la juventud es un tema de justicia y las y los jóvenes (y sus aliados) tendremos que comenzar a hacer justicia por nuestra propia mano. En el #EquipoVerde la estamos haciendo!

Twitter: @MoisesMolina

El mundial y la #EsperanzaVerde


Al Momento de la redacción de estas líneas, Argentina tiene ya un gol de ventaja contra Bélgica. Pareciera triste que el curso del mundial de futbol fuera un reflejo de lo que pasa en gran parte del mundo, incluido México y desde luego Oaxaca. Se imponen las tendencias, las estadísticas; todo parece predecible, no hay sorpresas.

Salvo que en lo que resta del día Bélgica y Costa Rica den la sorpresa, en las semifinales, estarán los que tienen que estar y hay hasta quienes con dejo de fastidio aseguran resignadamente que Alemania será campeón del mundo.

La expectativa renovada con cada cuatrienio, esta ocasión murió emblemáticamente con Colombia y México. Colombia era el “caballo negro”; México tuvo en sus manos la posibilidad de dejar en el camino a Holanda. Independientemente de los yerros arbitrales los equipos “pequeños” pareciera que fueron vencidos antes de jugar sus partidos.

Es una cuestión de actitud, de fortaleza mental; un extraño fenómeno digno de una tesis de psicología. Este mundo necesita sorpresas; Oaxaca necesita sorpresas. La sorpresa es inherente al cambio, aunque no lo es todo. Fox dio sorpresa en el año 2000; Gabino dio sorpresa diez años después en Oaxaca. No sirvió de nada. En política, la sorpresa sin resultados es como semifinales con los mismos de siempre en el futbol.

Cuando digo que en Oaxaca no hay gobierno, no me mueve una animadversión al poder ejecutivo ni a su titular. La culpa no es enteramente de él. Quienes debieran funjir como oposición son corresponsables. En Oaxaca no hay gobierno porque tampoco hay oposición.

Y es que la oposición no se define en función de la ultranza, ni del radicalismo. Oposición sea tal vez un mal apelativo. Oposición en política es responsabilidad. Responsabilidad en lo que se dice y en lo que se hace. Oposición no es crítica que no construye, que no aporta, que no sugiere y hoy en Oaxaca abundan quienes equivocadamente ejercen oposición política desde la ofensa que nada tiene que ver con Política ni con el bien común; ejercen oposición para satisfacer necesidades o ambiciones personales.

Por eso en el #EquipoVerde caminamos con la idea de un cambio generacional que no es una guerra contra los adultos, muchos de los cuales nos están nutriendo con su experiencia y lo mejor de sus intenciones. El cambio generacional es cambio de actitud, de mentalidad a la hora de participar con la intención de hacer posible lo deseable, que es lo que nosotros entendemos por política.

Oaxaca y sus municipios ya probaron de todo respecto del cambio, menos un cambio de generación y el #EquipoVerde quiere ser opción y estamos asumiendo responsablemente esa posibilidad. ¿Cómo? Recorriendo el estado sin escatimar energías ni compromiso; poniendo en nuestras palabras altura de miras y comprometiéndonos con la gravedad de nuestra responsabilidad histórica.

En nuestras manos está más que el éxito o el fracaso de un partido político; en nosotros (que somos cada día más) yace la oportunidad de que las nuevas generaciones se entreveren en los cargos de toma de decisiones.

SI el ejemplo del Verde sirve para que los demás partidos abran seriamente las puertas a más jóvenes para que sean regidores, presidentes municipales, diputados o funcionarios, nuestra misión irá por buen camino.

Las y los jóvenes no pueden seguir pintando bardas, repartiendo propaganda en los cruceros, colgando pendones ni echando porras. Necesitan dirigir, como lo estamos haciendo en el Partido Verde, los comités estatales y municipales y en eso tienen que ayudarnos los adultos que generosamente entiendan que no pueden seguir viviendo de la política; que tomen conciencia de que los partidos no son un fin, sino un medio, un instrumento, una herramienta para transformar la realidad y para encauzar todas las energías y los talentos de todos quienes tengan algo valioso que aportarle a nuestro estado y nuestro país.

Por eso sin ánimo de ser pretensiosos nos ostentamos como la #EsperanzaVerde. Más que un apelativo es una profesión de fe, una intención, un grito de guerra, porque a final de cuentas la política es una guerra sin sangre en la que todos se intentarán valer de todo para alcanzar el poder. Si para los demás el fin justifica los medios, para nosotros no. Estamos haciendo política, no grilla.

Twitter: @MoisesMolina

NUESTROS “LÍDERES”


Un puñado de jóvenes hemos recorrido intensamente el estado y lo seguiremos haciendo. Resulta inexplicable para nosotros que habiendo tantas representaciones de índole estatal, sólo una pocas sean las que dedican tiempo, recursos, voluntades y energías a esta imperiosa tarea. Y no es privativa de los partidos.

Organismos políticos, gubernamentales, no gubernamentales, empresariales, académicos, deportivos, culturales, defensores de derechos humanos y sindicales existen, salvo honrosas excepciones, solo de membrete.

Un nombramiento o acta de asamblea, una oficina, papel membretado y un sello, bastan para guardar apariencias de organismos inoperantes en la práctica. Se ha usted preguntado –amable lector- ¿cuántas organizaciones, partidos, clubes, asociaciones, cámaras, federaciones, confederaciones y sindicatos existen en Oaxaca?

¿Por qué, entonces, si existen tantos espacios reconocidos y hasta legalmente constituidos, las cosas en Oaxaca y en sus regiones siguen igual (y en algunos casos peor) que hace ya varios años? La respuesta es el egoísmo, rampante en una sociedad inmersa en una profunda crisis de valores.

Las organizaciones encarnan en sus líderes y en ocasiones se reducen a ellos. Cuando el dinero se convierte en un fin, toda esperanza se pierde. Son organizaciones que deberían colocar en sus pórticos aquella dantesca frase que en el poema, Alighieri pone a la entrada del infierno.

Son agrupaciones o instituciones que no generan progreso, prosperidad o beneficios más que para quienes las dirigen. Generan clientelas que hay que administrar para gastarlas en los procesos electorales. La protesta social se ha convertido en una industria (a veces con chimeneas) de la que viven muchas familias y es por ello que, en el caso concreto de los partidos políticos, se hace cada vez más común la práctica de llenar mítines con las mismas caras. Los mismos, a cambo de algún “apoyo” asisten a donde sean requeridos. Cada vez hay menos izquierdas, menos derechas y menos centros. ¿Qué queda? monetarismo.

Los mismos “líderes” alquilan sus huestes lo mismo al gobierno que al partido contrario y el dinero los hace a todos conformes. Ya no hay convicciones, no hay más ideales. La espiral del desprecio asciende; los que pagan reflejan billeteando su desprecio por los billeteados y estos corresponden con justicia este desprecio alquilando sus cuerpos (a veces ya ni sus voces), no sus conciencias. En ocasiones, políticamente ya no hay conciencia. Los políticos y líderes sociales o civiles se han convertido en cirujanos plásticos de la conciencia cívica, de la responsabilidad ciudadana.

En medio de la fiebre del mundial del “deporte más hermoso del mundo”, comparto una elocuente apreciación de Josep Guardiola, laureado ex futbolista y hoy exitoso entrenador: “Líder es aquel que hace al otro mejor persona”.

El cambio generacional no es solo necesario en los partidos, en los gobiernos y en los congresos. Toda la realidad social necesita un relevo, que no desplazamiento. Jóvenes responsables deben tomar en sus manos autogestivas las riendas de proyectos organizativos que tengan en el centro de sus sinceras preocupaciones el afán de ayudar por el solo placer de hacer el bien.

¿Quién si no los jóvenes y las mujeres están llamados a representar lo mejor de nuestras familias? ¿Quién si no los jóvenes y las mujeres, que han encontrado siempre las puertas cerradas, pueden entusiasmarse y entregarse al imperativo categórico de ayudar al prójimo?

Es por ello que debemos al límite de nuestras posibilidades, promover, fomentar y auxiliar la incubación de todo proyecto que mujeres y jóvenes decidan encabezar para cumplir su papel como ciudadanos responsables.

De nada servirán nuevos partidos, nuevas organizaciones, nuevos sindicatos, nuevas instituciones, nuevas dependencias sin nuevos líderes que regalen ejemplo de querer hacer del otro, con todas sus ganas, una mejor persona.

Twitter @MoisesMolina