domingo, 13 de abril de 2014

LA CARTA APÓCRIFA Y LOS POLÍTICOS QUE DEJARON DE SER HUMANOS

Moisés MOLINA

Vía mensaje de un buen amigo, recibí ayer en mi celular, “La carta de despedida de Gabriel García Márquez”. Tras su breve estancia en el hospital, la noticia fue que padecía cáncer linfático y que había escrito esa carta para anunciar el fin de sus apariciones públicas. Con esa carta, Márquez se retiraba a morir en privado.


En realidad resultó un “hoax” que desde 1997, en que el periodista peruano Mirko Lauer la difundió en su columna en “La República”, ha venido apareciendo a intervalos y que, desde hace un tiempo, con el auge del internet, reaparece y se viraliza con cada convalecencia o declaración del Nobel.


Independientemente de su autor (ha quedado claro que no la escribió García Márquez) y por encima del esteticismo, la carta no tiene desperdicio y su lectura no le hace mal a nadie. Puede que nos decepcione si pensamos que es de Márquez o que nos decepcione aún más cuando descubrimos que el colombiano no tuvo nada que ver.
A esa carta muchos la titularon “La Marioneta” y quiero ceder el espacio de LA X EN LA FRENTE para reproducirla.


Para muchos será una colección de lugares comunes, para muchos otros un gran plagio; otros más pensarán que la carta no importa si no la escribió la misma pluma de “Cien años de Soledad”; pero muchos más, a no dudarlo, encontrarán en sus líneas algo que habían venido buscando sin saber que hoy lo encontrarían.


Me he dado cuenta, tratando de experimentar en cabeza ajena, que el profesional de la política (diputado, funcionario, senador, gobernador, presidente municipal, líder de partido, dirigente sindical, líder de organización) de pronto, sin darse cuenta, se desprende de lo humano; se olvida de que la política se hace con seres humanos que aspiran a la felicidad y es ahí donde se pierde todo, comenzando con los valores de la convivencia humana.


Recordando muchas cosas elementales a través de esta carta “apócrifa” es como quiero honrar hoy a la política que hacen seres humanos, no políticos.


Depende de su actitud –amable lector-, del cristal con que la mire, si decide que la carta no tiene autor, o la suscribimos todos. Disfrútela:
"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un0 beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles "lo siento", "perdóname", "por favor", "gracias" y todas las palabras de amor que conoces.

Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuanto te importan."


@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com

sábado, 15 de marzo de 2014

MOMIFICANDOS


Esta semana se sucedieron, en Oaxaca, dos acontecimientos que tuvieron a los jóvenes como protagonistas. De un lado, las manifestaciones de las y los normalistas; y del otro, el Congreso Nacional de Estudiantes de Ciencia Política y Administración Pública.


Más allá de la carga valorativa que pudiera tener cada uno de esos acontecimientos, patentizan que la presencia más sensible de la juventud está fuera de los gobiernos y fuera de los partidos políticos. La sociedad civil y la escuela son –aunque escasamente- ambientes escogidos por los jóvenes para expresarse a través de la organización de sus esfuerzos, independientemente de los efectos de ese esfuerzo organizado.


Los jóvenes normalistas organizaron ellos mismos sus protestas; los jóvenes estudiantes de Ciencia Política y Administración Pública organizaron, de igual forma, por sí mismos su congreso nacional.


Me invitaron a impartir la conferencia inaugural del congreso, distinción que traté de cumplir con la mayor responsabilidad y el mayor decoro posibles. Más que una conferencia, fue un diálogo. Ante jóvenes de todo el país hablamos de cuatro cosas, cuatro palabras que resumían cuanto los estudiantes ahí presentes representaban; conversamos sobre política, juventud, participación y ciudadanía. Ahí estaban como invitados especiales, mi querido maestro Carlos Spíndola Pérez Guerrero representando a la Universidad Anfitriona (UNIVAS), mi admirado y joven amigo Leandro Hernández con la representación de nuestro Presidente Municipal; el joven Director de Juventud del Municipio; mi amigo Roberto Morales de Paz, entre otros.


Creo que se cumplió el cometido. La tarde del jueves, sacudimos su conciencia. Intercambié la lectura de una conferencia académica sobre participación ciudadana y democracia representativa, que llevé para ellos, por un diálogo que nos permitió pensar en cosas en las que difícilmente se reflexiona en las aulas.


Hablamos sobre la confusión reinante en torno al vocablo juventud, a la sombra del cual, puede autonombrarse joven cualquier adulto, con su sola añoranza. Hablamos de la política como una actividad humana cuya materia prima es el conflicto; que no pretende resolverlo, sino gestionarlo. Entendimos que la gestión de los conflictos implica voluntad y la voluntad es el germen de la participación. Dilucidamos que la política triunfa, no cuando se resuelve un conflicto, sino cuando se mantiene la cohesión social; y que ellos, los casi 500 congresistas estudiantes de ciencia política y administración pública, como parte de una élite que tiene el privilegio de la educación universitaria, tenían la grave responsabilidad de pensar, hablar y actuar por los cientos de miles de jóvenes que, en México, no tiene si quiera la oportunidad acabar la universidad, de ingresar a ella, de terminar el bachillerato o incluso de pisar un aula en toda su vida.


Hablamos de lo que el estudiante de ciencia política o administración pública representa en un régimen político donde urge profesionalizar y humanizar la política. Nadie como los universitarios tan profesionales y tan humanos para darle a México y a sus entidades federativas una nueva clase política con un nuevo estilo y una nueva vocación para hacer las cosas.


La palabra clave –que, de hecho, le dio título al congreso- fue participación. Tenemos aún en México y en Oaxaca una juventud mayoritariamente apática y no basta con encontrar las razones de esa apatía. La solución a la apatía está en los mismos jóvenes y en nadie más.


En 2012, después realizada la elección presidencial, Berúmen y Asociados en coordinación con el colmex realizaron la encuesta “Cultura Política de los Jóvenes 2012”. Solo unos pocos rasgos bastan para dejarnos fríos ante la realidad que nos contiene:


32% descarta contar con alguna ideología, 34% reconoce predilección por las telenovelas y menos del 1% se interesa por las secciones políticas de los diarios; entre 90 y 97% de los jóvenes jamás han sido parte de organizaciones culturales, estudiantiles, deportivas, artísticas, religiosas o vecinales, ni tampoco de partidos políticos o sindicatos, mientras que 86% considera que el voto es poco o nada efectivo para presionar a las autoridades.


Si tenemos en cuenta que, según los últimos datos del IFE, más del 40% de la lista nominal la integran ciudadanos de entre 18 y 34 años, estamos ante una situación alarmante de complacencia de una clase política que se momifica ante la nula competencia que genera la apatía.


Culpamos a la política y a los políticos del divorcio entre la juventud y la cosa pública. Culpamos a los políticos y al “sistema” del odio que los jóvenes sienten hacia la política y que se traduce en alejamiento. No pensamos que ese odio traducido en alejamiento aporta una extraordinaria zona de confort para los sarcófagos de ocasión en que se han convertido los partidos políticos.


Ningún momificando va a mover un dedo para cambiar las cosas; para acelerar el relevo generacional, ni siquiera para propiciarlo. El egoísmo sigue mandando en quienes viven de la política y en quienes viven en contra de la política. El sello de la nueva generación debe ser la generosidad, aunque paradójicamente esa generosidad haya de brotar del egoísmo de generación en relación a los mismos de siempre.


@MoisesMolina

viernes, 7 de marzo de 2014

VIOLENCIA OBSTÉTRICA


Desde aquel octubre de 2013 en que dio la vuelta al mundo la escalofriante imagen de Irma López Aurelio en cuclillas dando a luz en el jardín de la clínica de Jalapa de Díaz en la cuenca, hasta el reciente caso documentado de Laura Jarquín Reyes, quien al filo de la media noche del 18 de febrero diera a luz en el patio de la clínica de Manialtepec, en la costa, han acontecido ocho casos en nuestro estado.


Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y han sido ocho casos en siete meses. Pueden parecernos demasiado, pero si pensamos en que estos ocho son solo los que alcanzaron a llegar a los medios de comunicación, las estimaciones son para dejarnos horrorizados.


¿Por qué hasta ahora conocemos de estos casos? ¿Es que recientemente comenzaron a darse alumbramientos en estas condiciones? Definitivamente no. Es una realidad que ha acompañado a nuestras comunidades, al ritmo de su desgracia.


Estas mujeres han tenido el infortunio de parir en el patio de su clínica ¿Y las que no tienen una clínica cerca? Entre la insuficiencia de los presupuestos, la corrupción a la hora de ejercerlos, la mala toma de decisiones, el burocratismo y la negligencia, lo que debía ser un acontecimiento especial que acompañe al recibimiento de un nuevo habitante, se convierte en un calvario donde la mujer cede su lugar preponderante a los “profesionales de la salud”.


Nada más emblemático de la condición actual de las mujeres en muchos ámbitos de la vida: la de agentes pasivas.


Encontré un texto muy interesante escrito por la Directora del GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida) publicado en la última entrega de Foreign Affairs Latinoamérica. He dereconocer que sin ser experto (no se necesita ser experto para ser solidario) me sacudió desde su título: “Violencia Obstétrica”.


¿Acaso existe? Pregunté hacia mis adentros. Nunca había pensado en ello. Buscador ávido de conocimiento, nunca me había encontrado con la violencia obstétrica en mi búsqueda. Y de todo el texto me quedo con una frase: “La violencia obstétrica existe desde que se adoptó la costumbre de que los partos ocurrieran en centros de salud en lugar de casas”.


El parto dejó de ser algo natural, para convertirse en una práctica médica; el parto se institucionaliza y los protagonismos se trastocan. La mujer ya no es el centro del alumbramiento, ahora son los médicos.


Si, de acuerdo al INEGI siete de cada diez mexicanas mayores de 15 años han tenido al menos un hijo vivo, calculemos la magnitud del universo de mujeres susceptibles de sufrir violencia obstétrica.


Pero ¿qué es pormenorizadamente la violencia obstétrica? De acuerdo al mismo GIRE es una forma específica de violación a los derechos humanos y reproductivos de las mujeres, incluyendo los derechos a la igualdad, a la no discriminación, a la información, a la integridad, a la salud y a la autonomía reproductiva. Se genera en el ámbito de la atención del embarazo, parto y puerperio en los servicios de salud -públicos y privados- y es producto de un entramado multifactorial en donde confluyen la violencia institucional y la violencia de género.


Pero ¿de qué sirve esta definición cuando en México la legislación federal no es explícita sobre violencia obstétrica como en Argentina o Venezuela? ¿De que nos sirve en Oaxaca, cuando sólo Chiapas, Guanajuato, Durango y Veracruz tienen definiciones de violencia obstétrica en sus legislaciones?


El Partido Verde Ecologista de México va a buscar que a través de nuestro diputado local Carlos Vera Vidal, Oaxaca cuente con una legislación de avanzada que defina y hasta contemple la Violencia obstétrica como delito que amerite privación de la libertad. Quienes quieran ayudarnos, son bienvenidas y bienvenidos.


Estos casos seguirán aconteciendo con la misma frecuencia en tanto los ciudadanos no tomemos en nuestras manos la parte de responsabilidad que nos corresponde. Oaxaca necesita mpas que nunca a sus feministas que al fin y al cabo como escribieron Htun, O´Brien y Weldon: “… un factor fundamental y constante que rige el cambio de las políticas es el activismo feminista, cuya función es más importante que la de los partidos de izquierda, las legisladoras e incluso que la riqueza nacional”.



*Delegado Nacional del Partido Verde Ecologista de México en el Estado de Oaxaca

@MoisesMolina
moisesmolinar@hotmail.com

EN DEFENSA DE LA POLÍTICA


Dedicado a ustedes, jóvenes que han decidido
buscar la política conmigo para hacer historia juntos

Leyendo a Bernard Crick es que repienso muchas cosas que mi consideración había dejado descuidadas. En muchas ocasiones, los más ingratos con la política somos los mismos políticos. La negamos, la traicionamos, le profesamos un falso amor; navegamos en sus aguas sin convicciones o con la firme convicción de que todo cuanto decimos y hacemos es parte de una farsa que hay que seguir interpretando. El político se convierte en una suerte de actor, un ser humano miserable que vive de las apariencias, que finge interés por lo que profundamente desprecia. Hay que ganarse el pan y la política es el verdadero oficio más antiguo del mundo. No es vocación, es oficio, ni siquiera trabajo.


¿Por qué Bernard Crick al principio? Porque en el título de su texto de 1962 nos da una lección a los políticos y a los ciudadanos de hoy: “En defensa de la política”. ¿Se imaginan ustedes un alegato en pro de la política? Pues existe y existe desde hace 52 años. Probablemente –y bajo otros títulos- existan otros textos pretenciosos, pero este es el que yo encontré y el que me atrapó. A tantos años de distancia sigue vigente, se ha convertido en un clásico. Es uno de esos libros sin tiempo y sin edad.


Hoy en día se podrá aceptar sin chistas la defensa de muchas cosas y muchas causas, pero no de la política. Si algún vocablo ha caído en la desgracia del desprestigio y de los “negativos”, es precisamente “política”.


¿De dónde parte Crick su defensa de la política? De su razón de ser, de su necesidad. “Renunciar a la política o destruirla es destruir justo … lo que permite disfrutar de la variedad sin padecer la anarquía ni la tiranía de las verdades absolutas…”. Dígame usted –amable lector- ¿no es –acaso- una razón hermosa?


¿Por qué negamos, entonces, la política y los políticos? ¿Por qué lanzamos a su paso los orines de la ignominia? ¿Por qué le asociamos los más desafortunados calificativos? ¿Por qué le reuimos? No cuestiono las razones; cuestiono que existan razones.


La política ha sido víctima de sus beneficiarios más egoístas. Parecieran haber orquestado un plan perverso para evitar intromisiones. El logro de menos burros y más olotes es elevado a un arte mayor. Unos pocos (los mismos de siempre) se complacen con la apatía. Quizás por eso, la política es pálidamente defendida con la más ineficaz de las técnicas que es el discurso hueco.


Imaginen ustedes que un día miles de ciudadanos se levantaran resueltos a afiliarse a los partidos políticos y participar activamente, a exigir cuentas a los dirigentes de esos partidos, a buscar ser incluidos en la toma de decisiones, a buscar ser tomados en cuenta en los procesos internos de conformación de sus órganos de gobierno.


Imaginemos por un momento que la ciudadanía inundara los partidos. En ese momento las cosas empezarían a cambiar realmente.


La realidad es que casi nadie quiere nada que ver con los partidos ni con la política. Hay cosas menos indignas y menos ociosas en qué ocupar el tiempo. Y por eso mismo los pocos que se deciden a dar el salto de la sociedad civil a los partidos, participando activamente son héroes cívicos, mujeres y hombres que van contra la corriente, que reciben –aunque en silencio- todos los calificativos relacionados con la estupidez y el deseo de ser engañados. Los pocos que se deciden a entregar parte de su vida a la construcción de un partido político son locos que casi nadie entiende y que muchos compadecen. Pero los hay y los hay muy jóvenes. Son jóvenes que creen, que se comprometen, que se entregan; cuyo horizonte no termina en su nariz, que tienen hambre de éxito, pero más hambre y sed de cambio.


Un joven que se acerca a la política a través de los partidos es un ser humano que entrega lo mejor de sí, y con ello se sella un compromiso gravísimo que los dirigentes de los partidos deben asumir. Aprovecharse de un joven, fallarle, decepcionarlo o menospreciarlo son crímenes cívicos que merecen un círculo más de los de Dante.
La política necesita de todas y de todos. La política necesita ser rescatada. La mayoría de los viejos ya no tienen fe ni tienen ganas.

En las y los jóvenes de la clase media ilustrada queda la dignidad de – al menos- haberlo intentado.



@MoisesMolina

lunes, 24 de febrero de 2014

LA JUSTICIA SOCIAL Y EL PAPEL MEMBRETADO


Acabamos de conmemora el Día Mundial del la Justicia Social. Muchas y muchos ni se enteraron. La inmensa mayoría no sabe qué es la justicia social y por ello no les interesa. Entre tantas conmemoraciones en el calendario, la del 20 de febrero es una más.


Por nuestra parte, recordamos la justicia social entre universitarios. Los estudiantes asociados de Ciencia Política de la UNIVAS organizaron con el Partido Verde un foro sobre justicia social, donde pudimos compartir con Jesusita Bautista, Jessica Hernández y Sandra Díaz, algunas reflexiones en torno al tema.


Cuando me invitaron a participar, como un acto reflejo, pensé en dos de las definiciones que más han marcado mi formación y que a continuación compartiré con ustedes. La primera es la definición de “justicia” que, después de muchos años, me dejó más conforme para el tratamiento de este tema. Es la definición de Ulpiano que le escuché en la primavera de 2001 a uno de mis maestros de la facultad de derecho y que en su latín original tampoco es tan difícil de aprender: “Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde”.


La otra, es una definición de “política” que conocí incluso antes de entrar a estudiar Ciencias Políticas y que no es de un politólogo, más bien de un filósofo que también fue matemático y lógico: Bertrand Russell. Él decía que la política era “la actividad racional que pugna por dar a cada quien lo suficiente para vivir con decoro”. Creo que es esas dos concepciones puede resumirse la justicia social.


Cuando de justicia social se habla, los más avezados intuyen que es un asunto tan solo de ingresos y empleo. Justicia social tiene también que ver con derechos, dignidad, voz, emancipación social y política.
Y es que la justicia social, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, tiene principios. Los fundamentales pueden ser 4:


1) El trabajo no es una mercancía
2) La libertad sindical y de expresión son esenciales para el progreso sostenible
3) La pobreza en cualquier lugar constituye una amenaza a la prosperidad de todas y todos
4) Distribución garantizada de los frutos del progreso


Por ello la justicia social tiene que ver más que con México, con Oaxaca y estados como Oaxaca. En términos de justicia social, México duele, pero Oaxaca duele más. Ricardo Flores Magón lo dijo hace más de un siglo: “Sobre una tierra inmensamente rica, vegeta un pueblo incomparablemente pobre”, y en muchos rincones de Oaxaca esa realidad no ha cambiado en absoluto.


¿Cuáles son los ideales que animas la conmemoración del día mundial de la justicia social? ¿Cuándo habrá justicia social? Cuando se erradique la pobreza, cuando haya pleno empleo, cuando se logre el trabajo decente, cuando haya igualdad de género, cuando todos, sin excepción, tengamos acceso al bienestar social; en una frase, cuando haya justicia para todos.


Más importante que la desigualdad entre países es la desigualdad adentro de los países; desigualdad entre familias, desigualdad en las comunidades. Ello hace que el debate sobre la famosísima globalización sea un debate, en esencia, sobre justicia social y sobre democracia.


Vale la pena pensar un poco más sobre la justicia social para entender un poco más qué podemos hacer nosotros mismos por ayudar a alcanzarla. Bien vale la pena, para quienes trabajamos en esto, que sea nuestra estrella en el mar proceloso de la práctica política. Hay mucho que leer, hay más aún qué pensar y mucho más todavía por hacer.


Hace no mucho, desde un ensayo, Enrique Krauze lanzaba un alegato por una democracia sin adjetivos; convendría hacer lo mismo con la justicia. Pero sería un buen inicio empezar a eliminar los matices desde la comprensión de la justicia social.


La gran tarea es que la justicia social deje de ser ornamento del vocabulario electoral o frase de papel membretado.


@MoisesMolina

domingo, 16 de febrero de 2014

EL AMOR …


Pasó el 14 de febrero. Se fue de largo. Como cada año desde hace no sé cuánto, se cumplieron las fórmulas casi mágicas de la radio, la TV y ahora de las redes sociales. Algunos incluso buscaron, con urgencia, un pretexto para amar: él o ella; esto o aquello.


Si el 14 de febrero fuera solo el día del amor, no movería a tanta sospecha, con todo y lo complicado que resulta definir el amor y aplicar la definición a casos concretos. Pero para no dejar fuera de la celebración a nadie, es también el día de la amistad. La intromisión de la palabra amistad en la celebración, confunde más a los incautos y potencia el riesgo de la malinformación.


Regalamos, nos regalaron. Acompañamos, nos acompañaron. Cantamos, nos cantaron. Tomamos de las manos, nos tomaron de las manos. Besos, abrazos, paseos … hasta el congestionamiento de todos los moteles tuvo su significado. Celebramos lo que cada quien entiende por amor o por amistad y pagamos una especie de penitencia que nos da derecho a seguir siendo humanos el resto del año. Cumplimos con el ritual de la carta, la rosa, la canción, la visita o el paseo. Somos seres humanos completos. Podemos morir en paz cualquier día del resto de los 364 días.
El gran problema es que seguimos siendo profundamente egoístas y hedonistas. Honramos públicamente al amor privado y lo honramos buscando placer en el consumo. Y no es que esté mal, el asunto es que en ello se agota la significación de la fecha.


Los clásicos advertían ya tres significaciones del amor: como eros, ligado a la sexualidad; como filia, basado en la correspondencia; y como agápe, traducido en solidaridad. Este último es el amor propiamente dicho que muy poco o nada tiene que ver con lo que ayer festejamos.


¿Qué hay entonces del ágape? ¿Qué hay del amor que no es hacia la pareja, hacia la madre, hacia los hijos, hacia los amigos, hacia la mascota propia? ¿Qué hay del amor al “otro”, al de enfrente, al de al lado, al que está a cientos de kilómetros, al que quizás nunca lleguemos a conocer pero existe? En el fondo de esta interrogante subyace el origen de nuestras desgracias públicas, la explicación al actuar de muchos seres humanos públicos como políticos y de muchos ciudadanos.


Hace no mucho escribí respecto del desprecio (La X en la Frente. Febrero 1. http://moisesmolina.org/?p=219 ). Hay desprecio en política, porque no hay amor y sí algo muy parecido a su contrario: el odio.


¿Le ha pasado –amable lector- que no habla con sus vecinos y hasta les envidia o le envidian a usted un poco? ¿Ha padecido usted o ha hecho padecer a alguien las intrigas en su centro de trabajo, las malinformaciones con los jefes o los chismes? ¿Le ha pasado que termina por darse cuenta que quienes más se dicen sus amigos son quienes más le quieren perjudicar o que usted se ha buscado una razón a la medida para abrazar a su amigo con un cuchillo en la mano? ¿Le ha pasado que usted quiere incursionar en política y jura jamás volverlo a hacer por las “naturales” resistencias a que alguien más participe de ese complicado juego; o que ha tenido usted que empezar a grillar para “combatir el mal” con más mal? ¿Le ha sucedido que cuando usted merece un ascenso en su trabajo, promueven a alguien más con menos mérito y usted se encoleriza y le desea el mal?


Todo es parte de una enfermedad menospreciada y más extendida de lo que usted imagina. Es una enfermedad que tiene que ver con las emociones, con la mente, con el espíritu.


Leía un artículo de Enrique Dussel de 2012 y llamaba la atención sobre la mala y falsa traducción de la regla de oro “ama a tu prójimo como a ti mismo”. “Ama al otro porque es el ti mismo” es la correcta traducción del hebreo, explica.


Podríamos empezar a divagar en torno a la otredad de Machado, pero no es el fin, ni el espacio. Baste con apuntar que esta gran enfermedad del espíritu nos imposibilita amarnos a nosotros mismos. Consecuentemente no podemos amar a los demás. No podemos ver al otro como nosotros mismos, porque ni siquiera lo vernos como hermano.


Asumimos la vida como un juego, una especie de triatlón o pentatlón donde hay que competir y ganar en varias disciplinas: familia, política, escuela, trabajo, empresa, cultura, etc. En nuestros roles sociales, hoy más que nunca, el amor parece estar peleado con el éxito. “El que no tranza no avanza”, popularizó una película de nuestro “gran y nuevo” cine mexicano.


Un viejo amigo en aquellos años de la primera universidad se rehusó una mañana a desayunar con nosotros. Dijo que antes de comer tenía que grillar. No sé hasta qué punto haya sido cierto, pero el mensaje quedó más que claro.


La cosa pública nunca dejará de estar en manos de los políticos. No es factible que los políticos dejen de serlo o que la política desaparezca. Es más sensato que los ciudadanos se hagan políticos … y cuanto antes. Pero antes de ello, los ciudadanos deben recuperar la posibilidad de amar más allá de lo que han sido los 14 de febrero. Aprendiendo a amar al otro estaremos sembrando la semilla de un futuro deseable para la nuestras ciudades y nuestros países.


¿Se acuerdan de la República Amorosa? La idea y la intención estaba perfecta! Su único defecto era muy grande y era su portavoz. No lo estoy juzgando. Está a la vista que ya había perdido lo más valioso que puede tener un político que es la credibilidad. La idea en sí era estupenda. Este país necesita amor y no será suficiente el que pueda dar una sola persona; debíamos empezar a ejercitarlo todos.

lunes, 10 de febrero de 2014

CUANDO LOS VICIOS SON UNA VIRTUD


¿Será que algún día en Oaxaca la política volverá a ser lo que algún día fue? ¿O es que la práctica política siempre ha sido lo mismo en Oaxaca? ¿Cambian solo los actores, pero permanecen las mismas escenografías, los mismos guiones, los mismos argumentos y hasta los mismos parlamentos de un teatro sórdido?


La corrupción (de corromper) parece estar en el fondo de todo cuanto tiene que ver con la política en nuestro estado y sus municipios. Para triunfar, para prevalecer, pareciera que hay que corromper y corromperse. En la política ya no es menester el talento, ya no son necesarias cualidades, formación, perfil. Cualquiera puede ser un político y hasta un “gran político”. El dinero lo hace posible.


Imagino un tiempo en que hubo poder sin dinero de por medio; un tiempo en que las cualidades personales marcaban diferencia; un tiempo en que la palabra “mérito”, pesaba. Hoy, lastimosamente, el poder dentro del sistema político, deriva del dinero. Merced a él un político detestable se convierte en un gran político; le hace aparecer virtuoso al grado de convertir sus vicios y defectos, en virtudes.


Hoy, en política, estorban la honradez, la generosidad, la bonhomía, la decencia, el decoro, la dignidad, el respeto, las buenas intenciones, la confianza y la humildad. Para quien tiene dinero y poder para “seducir” a quien se ponga en frente, la admiración y –por increíble que parezca- el respeto, están garantizados. La mentira, la ira, la envidia, la avaricia, la soberbia y la egolatría son virtudes a destacar y están permitidos el menosprecio y la venganza. Al que más engaña cierta prensa le llama el más hábil y para esa misma prensa, el timado, merecido tiene el engaño.


No importa trascender, el juicio de la historia es algo para lo que no hay cubiertos, palabras como “memoria” son igual de menospreciadas que aquellas que nombran a los valores humanos. Todo es inmediatez … enriquecerse lo antes posible para resolver la vida y poder mandar al carajo todo y a todos.


Pero una vez que se enriquecen, quieren más. Enfermaron de poder y están dispuestos a todo por seguir gozando de sus embriagantes mieles.


Lo más triste sucede cuando no se tiene con qué comprar conciencias en el mercado de las opiniones. Tras un “no importa el qué digan”, “la gente no me da de comer”, “la gente habla porque tiene boca”, “bien o mal, pero que hablen”, subyace una autoimpuesta insensibilidad que, como último recurso, hay que inocular a la familia y a los seres queridos.


Habrá casos de personas honorables que, dentro de la política, son injustamente juzgadas; son difamadas, calumniadas. ¿Y las que son juzgadas con toda justicia? ¿Y las que en algún punto del camino dejaron de hacer lo correcto y se corrompieron? ¿Quiénes flaquearon la dignidad, el decoro y el respeto por sí mismas y se convirtieron en mercancías parlantes que simulan tener valores e ideales? ¿Valdrá la pena, todo el dinero y todo el poder, la tristeza de verse algún día al final del camino en una pesadilla de espejos rotos?


Necesitamos una generación de políticos y hay que empezar por una nueva generación de seres humanos que se reconozcan en cada madre y padre amoroso, comprometidos con la cosa pública. En las manos de usted –amable lector- en la educación que dé a sus hijos o a sus alumnos, yace la esperanza de que una pequeña parte del mundo llamada Oaxaca, sea mejor.


Oaxaca merece mujeres y hombres que se respeten a sí mismos para poder respetar a los demás; que entiendan y sientan nociones básicas como dignidad, honradez, solidaridad, humildad, respeto, amor; que no tengan la triste necesidad de venderse a sí mismos a cambio de un poco de poder y un poco de dinero.