domingo, 14 de septiembre de 2014

PERIODISMO, ÉTICA Y PODER

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


A mi amigo Diego Carreño que
representará a Oaxaca en el Concurso
Nacional de Oratoria del diario “El Universal”


Hace ya casi 11 años que apareció, por primera vez en El Imparcial, La X en la Frente. Visiblemente no soy periodista, pero el escribir y publicar se ha vuelto consustancial a mi existir.

Quienes ejercemos el oficio más antiguo y desprestigiado del mundo, que es la política, estamos doblemente expuestos a la crítica cuando de publicar opiniones se trata. Pero ello no es un impedimento, más bien un reto para hacerlo y tratar de cumplir con los lectores.

Es por ello que no puedo ser ajeno a las causas del periodismo, de la prensa libre; de las y los trabajadores de los medios de comunicación que, desde “la línea de fuego” (como dijo Paulina Rios) hacen posible el milagro de la información. Son los periodistas la pieza más importante en el ejercicio del derecho a la información que tienen los ciudadanos.

A invitación de mi amigo José Luis Sarmiento (aunque Daniela Pastrana haya dicho que periodistas y políticos no tienen por qué ser amigos) acudí a la clausura de la Jornada “Periodismo, Ética y Poder”, esfuerzo coordinado de periodistas oaxaqueños e instituciones de educación superior.

El presídium demostraba que si periodistas y políticos no deben ser amigos, no tienen -al menos- por qué ser enemigos. Tres diputados locales, el padre Barragán, el propio Pepe Sarmiento y la invitada especial, Daniela Pastrana.

Más allá de los predecibles mensajes oficialistas locales, fue un deleite escuchar a Daniela. Regularmente es música para los oídos la música que nos viene de fuera, que canta nuestra realidad vista desde “arriba”, sin compromisos, ni ataduras de ningún tipo.

Irreverente pero respetuosa y en todo momento impecable en su léxico, Pastrana vino a dar cátedra, más que de otra cosa, de solidaridad y compromiso con su causa que es la causa de los periodistas de Oaxaca.

¿El tema central? La imposible Ley de Protección a Periodistas. Y es que el periodismo –amable lector, no escapa a la costumbre trienal del congelamiento. Para el legislativo todo parece prioritario, menos lo prioritario.

Por un momento parecieron confundirse las demandas del gremio y la confusión se resumía en una ingeniosa construcción semántica de José Luis Sarmiento: el chayote institucionalizado.

No dudo que haya sido buena la intención de los legisladores al hacer hincapié en la necesidad de un “fondo” como parte central de lo que debía ser la Ley de Protección a Periodistas, pero no debió ser el argumento de fondo.

Daniela Pastrana fue clara cuando decidió ir más allá: “No es obligación del Estado proteger a los periodistas; la obligación del Estado es garantizar el derecho de los ciudadanos a información de calidad”.

La información veraz y oportuna no tiene otra fuente que los propios periodistas, por eso no hay que protegerlos a ellos, hay que proteger su trabajo. Los gobiernos han sido ciegos a la lógica de estas premisas y tienen por caprichos las demandas del periodismo organizado.

La Ley de Protección al Periodista claramente no busca privilegios si no la salvaguarda, en esencia, del derecho a la información y no solamente de la libertad de expresión.

Hace tiempo que Daniela Pastrana no trabaja para ningún medio mexicano. De ahí venga, probablemente, la mayor dosis de su claridad en el tratamiento del tema y hay que agradecer que esa claridad se comparta.

¿Qué hace falta? De las cuatro iniciativas que han estado esperando el deshielo en el congreso del estado, ninguna corresponde a los periodistas organizados. Creo que es hora de que, con toda la capacidad de presión social que tienen a su alcance, los periodistas se organicen y le regalen a Oaxaca una iniciativa de ley que, desde ya, el Partido Verde ecologista de México en Oaxaca, se compromete a impulsar y a coadyuvar en su formulación.

En una coyuntura donde el Congreso del Estado se mueve a voluntad de escasos tres o cuatro nombres, la iniciativa debía prosperar sin mayores complicaciones si los periodistas se organizan verdaderamente y se aplican a fondo. Concitarían, sin problema, la simpatía y el respaldo social necesario y sobrante.

Twitter: @MoisésMolina

viernes, 29 de agosto de 2014

POLÍTICOS MEDIOCRES

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

El actual estado de cosas en Oaxaca puede asumir las más diversas explicaciones. Últimamente he estado cavilando en torno a una de ellas; no con un afán ocioso, sino de transformación. Es menester poner manos a la obra porque si lo hacemos todos así, el cambio es posible.

Cuando, a diario, interactúo con mis compañeros y amigos, veo sus rostros, escucho sus palabras, comparto sus ideas y atestiguo sus sueños; cuando sé de sus proyectos y atisbo sus muy diferentes formas de concebir la realidad y de encarar la vida, la chispa no solo se manifiesta, sino deslumbra. Recibo el mensaje de que hay presente y hay futuro, porque hay esperanza.

A esos guerreros y guerreras de la vida -anónimos para muchos- van dedicadas estas líneas. No solo a los verdes, sino a todos aquellos que desde su militancia o desde su apartidismo, hacen lo que pueden y no se resignan a ser espectadores.

La política en Oaxaca (y no se necesita pertenecer a un partido, estar en el gobierno o ser diputado para hacer política) ha caído en la peor de las desgracias: la mediocridad.

¿Quién es un político mediocre? El que subsiste, el que sobrevive, el que se deja arrastrar por la corriente de los acontecimientos; el que no se informa; el que escucha noticieros o lee periódicos o revistas satisfecho del morbo; al que le da igual que las cosas cambien o no, lo mismo que quien desea que los cambios se den sin mover un dedo.

Un político mediocre es el que administra la eufonía de un membrete; el que reduce su tarea a repartir tarjetas de presentación y espera que se le rinda pleitesía; el que vive en un Olimpo y quien no se puede tocar ni con el pétalo de un tweet.

La mediocridad gangrena al que espera hasta el último momento para definirse, para abrazar una causa. Un político mediocre es quien busca siempre el confort que brinda la seguridad de saberse con el ganador; el que no está dispuesto a arriesgar nada; el que no busca y ni siquiera se deja encontrar.

Un político mediocre es un ser humano sin hambre de futuro, sin metas; el que pusilánime se incomoda y estalla en cólera ante la acción y el trabajo de otros; el que solo quiere hablar y no tiene nunca tiempo para escuchar; el que manda acostumbrado a que su voluntad siempre se haga y no participa, no se involucra, no arrastra con el ejemplo.

¿Cuál es la clave contra la mediocridad? Pasión, vocación o inspiración que sin ser lo mismo, comparten la misma raíz emocional.

¿Tenemos políticos apasionados? ¿Tenemos políticos con vocación? ¿Tenemos políticos inspirados?

Hace no mucho leí a Valdano, que para ser futbolista es mejor político que muchos que conocemos. Me atrapó la forma en que concibe la pasión: “La pasión contiene el amor a la tarea, y esa emoción se las ingenia para convertir en reto las largas sesiones de entrenamientos; en tolerable la disciplina de eso que hemos dado en llamar ; en seductores, los sueños que anticipan días de gloria”.

¿Qué decir respecto de la vocación? De mi actual lectura comparto: “Entre sus varios seres posibles, cada hombre siempre encuentra uno que es su ser genuino y auténtico. La voz que lo llama a ese ser auténtico es lo que denominamos ”.

Tenemos, en exceso, políticos cuyo ser “genuino”, “auténtico”, es de empresarios, de médicos, de arquitectos, de comerciantes, de artistas, de agitadores, de estafadores. Su vocación es otra, no la política; de ahí que a los gobernados les regalan solo tristezas, amarguras y sin sabores, siendo que el fin de la política es la felicidad.

¿Por qué necesitamos políticos inspirados? Dejémosle la respuesta a Greene: “Cuando llevamos a cabo una actividad que responde a nuestras inclinaciones más hondas, quizá experimentemos un dejo de esto: la sensación de que las palabras que escribimos o los movimientos que hacemos ocurren con tal rapidez y facilidad que nos llegan de fuera. Nos sentimos literalmente , palabra latina que significa que algo externo alienta en nuestro interior”.

He ahí las razones de los políticos chambistas, lacónicos, pusilánimes, ayunos de emociones, hastiados, fastidiados, sin ubicuidad. He ahí la explicación del que habiendo ganado una elección o alcanzado un nombramiento o designación, cambia radicalmente su actitud y se desentiende, se ausenta, renuncia a lo que debía ser el más alto honor: servir.

Después de satisfecha la necesidad de triunfo y reconocimiento, al ego no le sirve el servicio. Muerta la capacidad de asombro, atrofiada la disposición a aprender caminan como en un campo minado. Su única preocupación es no pisar en el lugar equivocado. No hay que arriesgar, no hay lugar a la temeridad, hay que aguantar, mediocremente.

Ya basta de políticos a quienes no les guste lo que hacen; ya basta de políticos obsesivos de la manera más fácil posible de ganar dinero.

Oaxaca merece políticos con vocación, con pasión e inspirados que estén dispuestos a transformar más allá de los aplausos, más allá de las críticas, más allá de los periodicazos, lejos de las consignas.

Esa no puede ser tarea de nadie más que de la nueva generación.

lunes, 25 de agosto de 2014

GABINO, REACCIONA!

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


¿Qué hacer frente al hartazgo? La gente, nuestra gente, parece estar harta de todo; hasta de la política, de los partidos, de los mismos de siempre, de la falta de oportunidades, de una situación económica personal de insatisfacción; harta de las campañas, de los diputados, de los senadores y de su gobernador.

La gente está hasta del cambio porque ya no encuentra referente y lo resume en un ardid publicitario, un engaño.

¿Qué ha cambiado en Oaxaca? Prácticamente nada y los cambios perceptibles son para mal. Falta de circulante, parálisis económica, partos en los patios de las clínicas, desabasto de medicamentos, un creciente número de negligencias en diverso grado en las instituciones públicas de salud; un vacío de autoridad capitalizado por la delincuencia, asaltos (lo mismo a autotransportes turísticos que a comunicadores), un secretario de seguridad pública erigido en capricho gubernamental, una ciudad secuestrada por organizaciones sindicales que paralizan no solamente el tránsito vehicular.

La violencia parece ser la constante en Oaxaca; violencia de palabra y obra que la omisión gubernamental incentiva. El ejecutivo ya no ejecuta, pretexta.

No sé si exista un estado más sufrido que el nuestro. No sé si exista parangón en estoicismo para una ciudadanía que ha soportado de todo y que ha sido testigo de todo lo que el anti gobierno pueda significar. En Oaxaca, claro está que no se gobierna, se administra el conflicto.

Los operadores más experimentados no han podido hacer nada, simple y sencillamente porque no hay liderazgo, una punta de lanza, una figura de autoridad que infunda respeto, que encarne la investidura. Y lo más grave es que al gobernador no parece importarle.

Gabino Cué se ha alejado paulatinamente de su pueblo, de ese que se volcó en las urnas para elegirlo, porque de los demás nunca pareció ocuparse; nunca los vio, nunca los escuchó.

La oposición es una entelequia y ¿cómo no serlo cuando el poder es ciego y sordo? Ensimismado en soliloquios complacientes, en notas pagadas, ayuno de reflexión disfraza la complacencia con harapos de tolerancia; oculta la incompetencia tras montañas de excusas que ya a nadie importan.

Los ciudadanos, los pocos que se organizan sienten una doble impotencia; impotencia por la situación reinante de inseguridad, caos y crisis económica e impotencia por la sordera y ceguera de quien debía estar obligado no solo a escuchar, sino a responder.

¿Para qué gobernar entonces? ¿Para qué el poder? ¿Qué motiva al gobernante a permanecer en el cargo?

Quizá sea solo mi percepción, pero al gobernador se le nota cada vez más el fastidio. Lo que debía ser el más alto honor para un oaxaqueño, parece haberse convertido en el mayor lastre, en la más grande molestia. Con ese ejemplo ¿qué esperar de sus funcionarios?

¿Le tocó a usted ver a Gabino candidato? ¿Es el mismo en actitud como gobernante?

La diferencia visible entre candidato y gobernante debía ser que el primero representa a un partido o a una coalición o, si se le quiere ver de distinta forma, a un proyecto político, mientras el segundo representa a todos, gobierna para todos. Gabino no gobierna para nadie; en este último trecho parece no gobernar ya ni siquiera para el mismo ni su grupo.

Lo lamentable no es ya si Gabino se separa o no del cargo, que renuncie a sus funcionarios; lo desolador son los argumentos que está procurando a la gente para responderse ¿para qué votar? No es ya solamente asunto del poder ejecutivo, del gobierno; es asunto de la democracia y de uno de sus valores centrales: la participación.

Este gobierno podría tener como principal herencia más abstencionismo. A estas alturas haga usted –amable lector- el siguiente ejercicio: Diga en voz alta lo primero que se le venga a la mente cuando lea “Gabino”. Probablemente no alcance usted a hilar una frase, ni siquiera una palabra. Tal vez una elocuente expresión se dibuje en su rostro como un acto reflejo.

¿Qué hacer para que nuestro gobernador entienda dónde está sentado? ¿Qué hacer para qué reaccione? ¿Qué hacer para que el gobierno recupere sus pies y sus manos y le sirvan para algo más que para tomarse la cintura y rascarse la cabeza? ¿Qué hacer para que abra los ojos, se destape los oídos y asuma la responsabilidad por millones de personas afectadas por el accionar del gobierno? Seguro de que nuestro gobernador ni siquiera leerá esta columna y con serias sospechas de que ya ni siquiera lea la prensa, le dejo a usted estas interrogantes.

La respuesta debía estar en el legislativo, dándole sentido al equilibrio de poderes. Pero el legislativo parece haber caído también en la trampa del ornato. Ni lo ven ni lo oyen, quizás porque no habla fuerte ni claro.

viernes, 15 de agosto de 2014

NECRÓPOLIS

Pareciera que los oaxaqueños no solo nos acostumbramos, sino poco a poco nos “adaptamos” a las aberraciones que casi a diario suceden en Oaxaca. Creo que eso es lo más preocupante entre todo lo preocupante de nuestra realidad.

Mientras veo las fotografías de mi amigo Jorge Luis Plata ya no me pregunto hasta dónde hemos llegado, sino hacia dónde vamos como sociedad. Con una sonrisa que solo puede dibujar la satisfacción, una mujer aprisiona contra su pecho dos botes de aceite y uno de aditivo para carro mientras se retira en actitud triunfal. La escena corresponde al saqueo –no podemos usar otro término- de los anaqueles de la gasolinera de Cinco Señores en la capital de Oaxaca, en el marco de una jornada más de “activismo” magisterial.

Un joven (aunque no se deja ver el rostro, se percibe por su vestimenta) extrae más producto de la rejilla de los aceites para llevárselo o para repartir, mientras en el fondo otra mujer, también sonriente, observa el entorno de la escena.

Es la escena de un robo. Más allá de las leyes, de los tipos penales, todos sabemos lo que es un robo y es lo que la fotografía que describo exhibe.

¿Cómo justificar un robo? ¿Es que el magisterio pretende erigirse en un Robin Hood colectivo quitándole a los “ricos” para entregarle a los “pobres”? Si es así, que se preparen todos. Si ya pasó en oficinas, en casetas de cobro y en gasolineras, mañana pueden ser otras empresas o comercios y pasado mañana la casa de cualquiera.

¿De quién es la culpa de acciones como esta? ¿Del magisterio que violenta? ¿Del gobierno que tolera? ¿De los ciudadanos que hicieron fila para que les cargaran su tanque o les dieran aditivos o lubricantes? En esa escena hay delincuentes y cómplices. Hay quienes violan la ley por acción y fuera de la foto, dando declaraciones, quienes la violan por omisión.
Y hay cómplices que reciben, sonriendo triunfales, parte de lo robado.

Abroguemos entonces todas las leyes; las que castigan a los delincuentes, así como las que obligan a la autoridad a proteger a los gobernados en su patrimonio y a mantener el orden social. Que nuestros gobernantes envíen iniciativas al congreso para que la parte dogmática de nuestras constituciones – aquella que consagra las garantías individuales- y los códigos penales desaparezcan de nuestro sistema jurídico.

La realidad es que en Oaxaca vivimos una hipocresía institucional. Nuestra ciudad se ha convertido en una necrópolis de leyes insepultas. Hay hedor por todas partes y para el gobierno del estado la solución es el aromatizante de los pretextos y las falacias. Eufemismos por aquí, eufemismos por allá.

Y en medio, una sociedad irreflexiva, sonámbula, distante, más que dispuesta a sacar provecho de la inmediatez. Era fiesta lo que debía ser un funeral. La conciencia cívica se vendía a cambio de unos botes de “mexlub”.

No es un gobierno tibio, es un gobierno con rigor mortis; no es un gobierno al que le tiembla la mano, es un gobierno al que no le faltan ya solo los pies, sino también las manos. El gobierno no tan solo no camina administrativamente, sino que tampoco aplica la ley. El gobernante de la coalición, con la izquierda se toma la cintura y con la derecha se rasca la cabeza. Que envíe entonces también una iniciativa al congreso para que sus funciones constitucionales se reduzcan a eso… y todos contentos.

Mezquinamente, la clase gobernante está pensando en sí misma y no en las instituciones cuya investidura representa. No piensan en Oaxaca, les obsesiona el costo político. Apuestan al perdón y al olvido. Total, a la hora de las elecciones es borrón y cuenta nueva. Hoy, la sección 22 repartió gasolina y aceite; en el proceso electoral el gobierno repartirá cemento, varilla, lámina, tinacos y dinero en efectivo que es hasta ahora fórmula infalible. En el inter, que Oaxaca se joda, que el tejido social se siga desgarrando, que la cultura cívica permanezca en los libros de texto, que el alto honor de servir a Oaxaca desde el gobierno se quede en la versión estenográfica del discurso de toma de protesta.

Oaxaca hoy llora… una vez más.

domingo, 10 de agosto de 2014

¿AÚN CREES EN EL CAMBIO?


Agosto es el mes de las y los jóvenes. Desde el año 2000 y a sugerencia de la Conferencia Mundial de Ministros de la Juventud, celebrada en Lisboa entre el 1998, se celebra cada 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud, por resolución del Consejo General de la ONU.

Si es relativamente reciente la preocupación oficial por “celebrar” a la juventud, no sabemos cuánto tiempo habrá de pasar antes de las y los jóvenes sean, con toda seriedad, tomados en cuenta como actores en sus sociedades.

Los jóvenes siguen siendo, para efectos prácticos, un grupo vulnerable incapaz de valerse por sí mismo. Siguen padeciendo la acción de otros; continúan sufriendo las decisiones de otros. Su vida sigue siendo definida en ámbitos donde los jóvenes aún no tienen cabida real y los sinceros pero aislados esfuerzos de organización y opinión son a todas luces gotas en el océano de la adultez.

Hay una perversa visión que impera en nuestra vida cotidiana y los jóvenes siguen siendo niños o discapacitados sociales y políticos. Lo que el joven tiene que decir cobra relevancia solo cuando “cuadra” en la lógica del adulto; lo que el joven quiere hacer es válido solamente si “encaja” en la agenda del mundo de la adultez.

El problema es que los jóvenes siguen pidiendo o en el mejor de los casos exigiendo voz, espacios, atención, participación, “un chance” en el mundo de los adultos. Ahí radica el problema: no se debiera pedir lo que bien se puede tomar.

Con el peso poblacional de la juventud en pleno año 2014 y más allá, con la histórica proporción de jóvenes que hoy pueden votar en países como México, resulta irónico entender que el accionar de este grupo de edad se reduzca a pedir, incluso a exigir.

El joven no termina de afianzarse como agente transformador teniendo todas las condiciones y legitimidad para hacerlo.

Comparto algunas cifras reveladoras: de casi 86 millones de mexicanos con credencial para votar en el bolsillo, 35 millones y medio tienen entre 18 y 34 años.

El 41 por ciento de la lista nominal (4 de cada diez mexicanos listos para emitir su voto) son jóvenes en espera de “un chance”. ¿Cuándo llegará esa oportunidad? El día en que este grupo sufragista esté suficientemente representado en los gobiernos y en los congresos y eso no pasará mientras la noción de acción siga siendo mal entendida.

Y hay más: los tres grupos de edad más numerosos del electorado, según cifras del INE (http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/Estadisticas_Lista_Nominal_y_Padron_Electoral/) al primero de agosto pasado, son en orden descendente, el grupo de 25 a 29 años; después el de 30 a 34 y por último, el de 20 a 24.

¿Qué nos dicen estos números? Que los jóvenes pueden definir, sin problemas, una elección. De ahí que hay que cuidar a quién se le da el voto y antes de ello, cobrar conciencia de la importancia de ir a votar.

Podrá decirse que a la hora de las elecciones no hay opción válida para los jóvenes, que no hay quien represente a la juventud, que “siempre” son “los mismos de siempre”, que no hay confianza y ni siquiera simpatía por los partidos; y son argumentos válidos y perfectamente entendibles a la luz de la realidad.

Los jóvenes deben entonces, como parte de su accionar, irrumpir en los partidos. Está demostrado que a los adultos se les ha acabado la imaginación y en no pocos casos, la energía para hacer política. Cuando caen en la zona de confort que les brinda la apatía del grueso de la población, incluida la juventud, termina la política y empieza la grilla, la componenda, el cochupo, la tranza.

Opciones siempre habrá, terreno fértil siempre habrá. Es cuestión de saber encontrarlos.

Si pensáramos en una sociedad ideal donde todos los jóvenes se organizaran en torno a liderazgos correctos y limpios, los partidos, incluidas sus cúpulas, no tendrían más que obedecer los dictados de la realidad.

Si el cambio es posible, tiene que empezar por un cambio de generación. Es el tiempo.

lunes, 4 de agosto de 2014

WHO WATCH THE WATCHMEN?

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

Esta era la pregunta que se dejaba ver como consigna en las paredes de alguna caótica ciudad de Estados Unidos en una de las escenas iniciales de “Watchmen”, la película dirigida por Zack Snyder; ¿Quién vigila a los vigilantes?

Este aventurado proemio a una columna política va alejándose de la frivolidad que puede sugerir una producción de Universal Studios y Paramount Pictures cuando se toma en cuenta que está basada en una novela gráfica del mismo nombre, hecha posible por tres genios: el escritor Alan Moore, el artista Dave Gibbons, y el colorista John Higgins.

¿Qué motivó a Moore? ¿Cuál fue el punto de partida, no solo del título, sino de la trama? La misma pregunta que en latín formulara hace 19 siglos el poeta romano Juvenal: “Quis custodiet ipsos custodes?”

Aunque la pregunta original de Juvenal versaba sobre la fidelidad en el matrimonio, su uso se extendió inevitablemente a la filosofía política y más estrechamente a lo planteado por Platón en “La República” respecto del gobierno y la moral; y posteriormente a la famosa doctrina de la división de poderes.

No sin abrir la puerta a la polémica, es válida para muchas y muchos, la idea de que hoy tenemos un cuarto poder que vigila a los tres restantes en las democracias. La prensa es el nuevo “vigilante” y ante el auge de las redes sociales no es menester abrazar el ministerio del periodismo para vigilar la actuación, incluso de la prensa.

La pregunta en el fondo sigue inalterada siempre que los “vigilantes” existan ¿Quién los vigila a ellos?

No en mi intención que se tome esta reflexión siquiera como un pétalo que toque la libertad de expresión. Que quede claro. Todas y todos podemos expresar cuanto se nos venga en gana aunque al amparo de la libertad de expresión se dé rienda suelta a la irresponsabilidad.

El aserto de fondo debe, sin embargo cambiar su sentido. No es que cada quien opine lo que quiera opinar; es que cada quien crea lo que quiere creer. Y entramos a los escabrosos paisajes del libre albedrío, la desinformación, la propaganda y la credibilidad.

No es un tema sencillo, amable lector, pero sus efectos prácticos no son tan complicados en un público responsable y parte de la responsabilidad es estar lo mejor informado posible.

En un país cuya realidad es dominada por la política, donde las percepciones de la gente son vorazmente disputadas por intereses contrapuestos y donde la lucha más encarnizada se da por los votos que son la moneda de cambio del poder, la irresponsabilidad al informar está a la orden del día.

Por eso Oaxaca y México no tienen concordia. Pareciera que esta guerra por la conquista de las percepciones solo arroja perdedores. Izquierda contra derecha; gobiernistas contra anti-gobiernistas; sección 22 contra sección 59; empresarios y comerciantes contra sección 22; La Jornada contra el Reforma; obradoristas contra peñanietistas; reformistas energéticos contra anti-reformistas; y los partidos políticos enconados entre sí.

¿Quién tiene la razón? Que el veredicto final lo den los vigilantes. Pero cuando encontramos vigilantes con se$go, vigilantes carentes de objetividad, vigilantes con intereses egoístas, vigilantes con filias o con fobias, vigilantes con consigna, asaltantes a pluma armada o vigilantes volubles y proclives a decir una cosa como a decir otra, no podemos encontrar garantía.

Los ciudadanos más críticos, entonces, terminan por hartarse y ensimismarse en la inmediatez de sus asuntos. No hay faros, no hay guías, no hay puntos de referencia.

¿Ejemplos más cercanos a nosotros? ¿Qué le parece la guerra de percepciones respecto a las recientes movilizaciones violentas de la sección 22 contra oficinas priistas? Lo que menos importa a quienes emiten juicios y reparten paternidades y culpas es la verdad del asunto. Su mezquina intención es causar daño al adversario político, más por frustración que por esperanza de que así suceda. Que Oaxaca se joda si de ello se saca raja política culpando al enemigo, aunque sea del mismo partido.

Cuando usted –amable lector- lea este tipo de juicios pida pruebas, cuestione, exija que, en un acto de respeto hacia usted, se le den argumentos sólidos. Mucha de esa información es comida procesada y muy procesada. Haga que dejen de pensar que usted come de su mano. No permita que le den trato de torpe, por decir lo menos.

Comience usted a vigilar a estos falsos vigilantes.

TWITTER: @MoisesMolina

domingo, 27 de julio de 2014

#OaxacaEstáDeFiesta

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


#OaxacaEstáDeFiesta es uno de los hashtags que se ha posicionado la última semana en las redes sociales. Y en efecto, Julio es el mes en que Oaxaca se redime ante el mundo como reflejo espiritual de México.

Nuestros dolores sociales y nuestra parálisis gubernamental no impiden que Oaxaca brille, al menos en Julio. Por más que parezcamos empeñarnos en sepultar aquello que siempre nos ha distinguido por aquello que últimamente comienza a distinguirnos, Oaxaca sigue siendo referente de espiritualidad, de folclor, de tradición y de mito.

Una inmarcesible riqueza cultural y la bendición de su geografía y su biodiversidad hacen de Oaxaca un pequeño continente; todas nuestras etnias, lenguas y costumbres hacen de Oaxaca, para los visitantes, un lugar fuera del mundo.
En julio se acendra la fiesta del aroma, del sabor, del color, del sonido, del movimiento y de las formas. Es la síntesis de milenios de esa, nuestra historia, que han escrito y transmitido nuestras mejores mujeres y nuestros mejores hombres.

¿La paradoja? A fuerza de volverse casi cotidiano, todo este mosaico que embelesa al “extraño”, parece volverse rutinario para el oaxaqueño inconsciente de lo que Oaxaca representa para el mundo y no solo para México. ¡Somos patrimonio de la HUMANIDAD! No del gobierno, no de los partidos, no de las organizaciones sociales ni de los sindicatos. Oaxaca llora el resto del año con bloqueos, marchas, manifestaciones, asesinatos,violaciones a los derechos humanos, pobreza material… y comienza a llorar incluso en el mes de julio.

Hacer de la “Guelaguetza” rehén de cualquier causa, por legítima que sea, es un crimen cultural, más aún si tomamos en cuenta que Oaxaca vive del turismo.

Nuestra riqueza cultural pareciera indisolublemente ligada a nuestra pobreza material. Necesitamos la imaginación de nuevas generaciones que resuelvan el dilema que haga compatible la prosperidad económica con la preservación y fomento de lo más valioso que podemos tener: ese patrimonio intangible que los lunes del cerro, en su significación, sintetizan.

Oaxaca necesita de todas y de todos. ¿Qué nos hace falta? Concordia. Las organizaciones y los sindicatos no tienen por qué ser enemigas de gobierno ni de los ciudadanos; así como los gobiernos y la ciudadanía no debe ver en organizaciones y sindicatos, hordas de oportunistas que ven solo por intereses de sus “líderes”. Necesitamos poner de pié lo que se ha puesto de cabeza y para ello es necesario aquello que pareciera extraído de una novela de ficción: buena voluntad de todas y todos.

Hoy los vecinos están cada vez más distanciados; las familias más desunidas o de plano desintegradas; los padres de familia pelean contra los profesores; y los profesores entre sí. Las organizaciones sociales compiten entre ellas por el etiquetamiento de los programas gubernamentales y Oaxaca, tan rica culturalmente permanece tan pobre como siempre.

El mes de julio es una inmejorable oportunidad para reflexionar en torno a lo que será la herencia de nuestros niños y de la estafeta que tomarán los jóvenes a la vuelta de la esquina.

Con cada recorrido que hacemos, desde la modestia de nuestra responsabilidad, por el interior del estado, se renueva una esperanza: la esperanza de que Oaxaca es más grande que sus problemas porque Oaxaca es del tamaño de su gente; de esa gente que no deja de esforzarse; que se ocupa de sí misma y de sus familias y además se toma tiempo para intervenir en los asuntos colectivos.

En cada Oaxaqueño consciente de nuestra grandeza como reflejo espiritual, duerme un líder. Hay que despertarlo.

Twitter: @MoisesMolina