sábado, 24 de enero de 2015

IRIS

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

Pareciera que con cada proceso electoral el deterioro de la actividad política incrementa. Ya no hay sólo campañas más negras; ahora hay precampañas de cañería.

¿Cuál es una de las razones que propician el asco de la ciudadanía por la política? El pleito.

Las descalificaciones, las denostaciones, la calumnia, la infamia son el nuevo efecto invernadero de nuestras ciudades y nuestros pueblos como en esa región tóxica llamada “Iris” de Edmundo Paz Soldán en su novela.

Si en tiempos no electorales no encontramos paz, cuando las precampañas y campañas llegan el espíritu colectivo se deprime aún más.

Bloqueos, marchas, tomas de palacios, caos vial, balaceras no parecen suficientes. Tienen que venir los partidos con sus rostros de siempre a darnos más. Es de tal intensidad la guerra sucia dentro de los partidos tradicionales que parecieran pretender tender una cortina de humo para ocultar los problemas de urgente y obvia resolución.

¿Hasta dónde hemos llegado? Los políticos no terminamos de entender que la gran mayoría de la gente no desayuna, no come y no cena política. Parecemos ignorar que el desencanto pareciera ser la palabra que mejor define el estado de ánimo de la gente que usa su credencial para votar para muchas cosas, menos para votar.

Las dirigencias partidistas entienden bien este juego y capitalizan el hartazgo y consiguientemente la apatía ciudadana que se refleja en los cada vez más elevados índices de abstencionismo.

¿Qué nos depara esta elección? Esas cúpulas perversas le apuestan a más abstencionismo. Es una elección intermedia y estas son las que menos le interesan a la gente.

Con diez candidatos en la boleta electoral y con una ciudadanía mayoritariamente educada en el morbo ya no se trata de sumar votos a la causa propia, sino restarlos a la causa ajena a través de las famosas campañas negras.

El opositor deja de serlo para convertirse en enemigo y el fin llega a justificar todos los medios. Las redes sociales son un extraordinario ejemplo de ello.

Una falsa moral se instaura en la clase política y las propuestas se dejan de lado. La prioridad es el ataque y tristemente la ciudadanía ha caído en el juego. Ya no se vota por el más bueno, sino por el menos malo, por el menos perverso, por el menos ruin, por el menos corrupto. Se hace un análisis de la agenda pública e invariablemente, alguien termina cargando la totalidad de las culpas de todo lo malo que acontece. El éxito de la estrategia estiba en encontrar responsables, reales o imaginarios. Una desgraciada cuestión de posicionamiento.

¿Nos hemos dado cuenta de que nada cambia porque nadie cambia? No cambian los políticos, no cambian los ciudadanos. Los políticos que han contaminado la política deben pagar y reparar el daño. Que el que contamine pague ¿Cómo? ¿Dónde? En las urnas. Nuestra obligación moral es seguir creyendo que es posible.

Sigo con Iris de Paz Soldán: “Es un mundo tenebroso y los somete a su lógica, a su delirio, a su violencia y angustia”. Pareciéramos vivir en “una fábula desoladora sobre los excesos de poder y al final un relato esperanzador sobre la lucha por la libertad.

Que algún día, las elecciones nos hagan libres.

IMMANUEL WALLERSTEIN Y EL SISTEMA MUNDO CAPITALISTA

REFLEXIONES EN TORNO A LA OBRA
“IMMANUEL WALLERSTEIN. CRÍTICA DEL SISTEMA – MUNDO CAPITALISTA.” DE CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS.

Moisés Molina

EL ACADÉMICO

Me resulta harto complejo comenzar el comentario de la obra anunciada. Siendo tantos los argumentos que el autor toma de Wallerstein y tan novedosos para quien esto escribe, intentar un comentario, por pequeño que sea, me resulta pretencioso. Lo intentaré, sin embargo.

La obra en comento representa un serio esfuerzo intelectual provisto – a mi parecer - de una buena dosis de rigor académico, por acercar a los lectores al pensamiento, que por otra parte no es estrictamente económico, de Immanuel Wallerstein, hombre de origen Judío con dos patrias intelectuales: Estados Unidos de Norteamérica y Francia. Pareciera emblemático que, siendo los Estados Unidos uno de los países en el que desde hace más de quince años Wallerstein ha pasado la mitad de su vida y al que le debe en no poco la profusa información que sirve de base a su argumentaciones teóricas, sea también “target” principal de sus más acendradas críticas. Circunstancia que se agrava si consideramos que fue la Universidad de Columbia en Nueva York, la que forjó una simpatía irreversible con el pensamiento de izquierda, solo comparable con la natural antipatía hacia el “macartismo” que nuestro personaje ve reeditado en nuestros días en cada acción beligerante que el presidente norteamericano Bush endereza lo mismo contra Kuwait que contra Afganistán. Al mismo tiempo que lee a Marx o a Lenin, toma cursos con algunos miembros de la escuela de Frankfurt refugiados en Nueva York y persiste en leer a Gandhi, a quien admira profundamente. Una de sus primeras aportaciones teóricas fue su tesis de maestría “El macartismo y los conservadores”, que arroja una de las bases en que habrían de descansar sus asertos futuros y que es la base de la predominancia de la derecha en Estados Unidos, y por extensión la hegemonía de las derechas en el mundo entero, con sus intolerancias y su ánimo belicoso irremediable.

Wallerstein se muestra convencido al inicio de los cincuentas, en que se reconoce militante activo de la izquierda estadounidense, de que un “gobierno mundial “ es posible como salida a la polarizada y polarizadora guerra fría. Desde ese momento, los temas de actualidad son los que le preocupan. Forma parte esa izquierda militante, izquierda sin embargo, muy poco representativa, por no decir insignificante dentro del ambiente intelectual norteamericano. Es por ello que parte para África a estudiar las sociedades de aquel continente abriendo en ese momento la puerta que lo conecta de manera permanente a las realidades del tercer mundo y que da sustento a su teoría central del “moderno sistema mundo” y su compleja estructura: centro – periferia – semiperiferia – arena exterior.



EL PRIMER MUNDO

“El moderno sistema mundo” es, a no dudarlo, la obra más influyente de Immanuel Wallerstein. Originalmente proyectada por su autor para cuatro tomos, hasta el día de hoy se han publicado solamente tres y, según el mismo Wallerstein reconoce, podría abarcar cinco dos o tres volúmenes más. Es en ella, donde además de emprender un serio estudio crítico del capitalismo a través de la historia, comparte con el mundo entero (ya que su obra ha sido traducida a catorce idiomas) su teoría más reveladora: el fin del actual sistema mundo capitalista y con él, el fin de las injusticias a él intrínsecas y del omnipresente problema de las diferencias de desarrollo entre las diferentes zonas del mundo.

Cuatro son los ejes fundamentales que hasta el año dos mil dos, el conjunto de su producción intelectual abarca:

1. Un esfuerzo crítico y global de reconstruir la historia del sistema mundo capitalista desde el siglo XVI hasta la actualidad (a ello se circunscriben los tres tomos hasta ahora publicados de “el moderno sistema mundo”).
2. El estudio de los principales fenómenos del “largo siglo XX” que :

“… estudia lo mismo el leninismo y la Revolución Rusa, que la caída del muro de Berlín y la guerra del Golfo Pérsico, pasando por el examen de la gestación, auge y declive de la hegemonía estadounidense, la caracterización de la revolución mundial de 1968, la organización de la OPEP o el colapso actual del liberalismo, entre muchos otros temas…” que “… permite explicarnos la configuración … del mapa del mundo actual…” (1)

3. Una preocupación por la construcción de posibles escenarios prospectivos, derivada de un compromiso social, que según Wallerstein debe tener el científico; y finalmente
4. Un examen crítico de todo nuestro sistema de saberes y su necesidad de reforma.

A petición expresa, omitiré en la medida de lo posible las referencias al primero de esos ejes y me abocaré, en adelante, al estudio que hace de los problemas del capitalismo neoliberal, dejando también un tanto de lado las alusiones al último de los ejes, por razones de apego a nuestra materia y a nuestras carreras.

Wallerstein parte de la premisa de que el sistema mundo capitalista ha sido el único que en la historia del mundo ha podido crear un sistema económico estable y ha logrado trascender las particularidades, los regionalismos y los comunitarismos, de modo que no son capitalistas los Estados, sino lo es todo el sistema mundo, un solo sistema mundo que ha sido capitalista desde el siglo XVI hasta nuestros días. Niega por ello, Wallerstein la existencia de presuntas crisis precedentes y en el radicalismo teórico afirma que solo una crisis puede existir y es la crisis del sistema que no se ha presentado nunca en los últimos quinientos años más que una sola vez: en 1972-1973 y que persiste hasta nuestros días. Habla así de apariciones históricas de estancamiento, lento crecimiento o depresión económica, pero no de crisis.

1972-1973 es su punto de partida, y para continuar nuestro pretencioso ensayo, ahora lo hacemos nuestro. 1972 es el año que resiente toda la carga de la revolución cultural mundial que inicia en 1968 y que remata en la derrota del ejército estadounidense a manos del “heroico”, como lo califica Carlos Aguirre, pueblo vietnamita. Desde Vietnam, inicia un proceso que Wallerstein llama de “bifurcación histórica”, correspondiente al proceso terminal de la historia del sistema mundo capitalista.

Piensa que como en todo proceso de bifurcación, el sistema abandona su estado de equilibrio para convertirse en otra cosa, en otro sistema.

“… Por que la situación de bifurcación solo se afirma cuando el sistema deja atrás dicha etapa de equilibrio, en la que predomina el principio de autorreproducción constante de su lógica esencial…” (2)



Ante ello sugiere que las pequeñas turbulencias o las acciones individuales pueden tener grandes efectos sobre el sistema y su futuro, dejando entrever con esa afirmación, la necesidad de una participación “antisistémica” activa de los ciudadanos.

Un punto decisivo propiciado por la misma crisis del sistema lo representó el hecho de que poco a poco el estado de cosas se fue invirtiendo y si antes, el equilibrio sistémico, hacía que las necesidades predominaran sobre las libertades incluso hasta impedir su ejercicio, a partir de 1968,

“… las posibilidades de éxito para todos los proyectos revolucionarios y para todos los movimientos genuinamente antisistémicos se han incrementado enormemente.”(3)

Es aquí donde Wallerstein ofrece su crítica a otro concepto toral del moderno sistema mundo capitalista y es el concepto de globalización, concepto que ningún académico serio ha abordado de manera alguna y que mas bien pareciera ser un invento de los medios masivos de comunicación. El concepto de globalización, por lo que pude entrever en el pensamiento “digerido” de Wallerstein, es un arma conceptual que a manera de velo distorsiona la posibilidad panóptica de la gente y hace extensivo el método con el que ideológicamente se ha venido justificando el sistema capitalista a lo largo de la historia: el método lineal evolucionista, que hemos estudiado en clase. Así, todo parece, si se me permite el pleonasmo, avanzar hacia delante y hacia arriba. Las fases sucesivas del capitalismo (de las cuales la Globalización es la más reciente, pues es la que reina en nuestras actuales sociedades industriales de consumo masivo) sugieren siempre progreso y mejoría.

“… al capitalismo mercantil de los siglos XVI a XVIII sucedió el capitalismo industrial del siglo XIX, para continuar luego con el imperialismo de los primeros dos tercios del siglo XX y coronar con la reciente etapa del capitalismo de la globalización de los últimos treinta años.”(4)

La crisis del capitalismo, según Wallerstein, es un proceso de transición de una duración no muy corta, proceso que comenzó en 1972-73 y que continúa hasta nuestros días, pudiendo incluso durar, según sus propias estimaciones de 25 a 50 años más.

Cuatro son también los procesos fundamentales que integran este periodo de transición:

1. La declinación y progresiva desaparición de la hegemonía fuerte estadounidense sobre el sistema mundo ejercida sin contestación desde 1945 y hasta 1972 – 1973.
2. Final del ciclo hegemónico global estadounidense desarrollado desde 1870.
3. Colapso definitivo de la geocultura dominante del sistema mundo desde 1879 y hasta 1968, que fue el consenso liberal, y
4. Crisis final del sistema mundo capitalista.

Los dos primeros procesos no representan algo novedoso, constituyen un “deja vu” histórico. Recuerdan el curso normal de las potencias hegemónicas que fueron Holanda en el siglo XVII e Inglaterra en el siglo XIX. Pero los dos restantes procesos representan situaciones sin precedentes en la historia del desarrollo económico de la humanidad.

La perspectiva así presentada por Wallerstein es poco halagueña para los Estados Unidos y para el sistema que encabezan y no obstante la apreciación que el teórico tiene de un inminente cambio en el liderazgo mundial para ser asumido ahora por Japón o por Europa occidental, estima que el sistema capitalista mundial no vivirá para sufrirlo.

Igualmente adelanta juicios acerca de la afectación que, producto de esta crisis, seguirán sufriendo no solo las estructuras económicas, sino también las políticas. Vaticina de este modo, la irreversible tendencia a la desaparición de los Estados y la merma de significación e importancia del concepto “nación”. Junto a los movimientos sociales contra la xenofobia, la discriminación y a favor de la tolerancia y el respeto a las diferencias de raza o idioma, Wallerstein cree que los particularismos y los regionalismos van a imponer su lógica a las nuevas relaciones del nuevo sistema que vendrá.

El autor de “El moderno sistema mundo” profetiza en algunos de sus recientes ensayos, el liderazgo alemán en la Comunidad Europea, la unificación creciente de Europa, su anexión de los mercados de Rusia y Europa Oriental, su “autonomización” de Estados Unidos, la alianza de este con Japón (aunque ahora en términos de subordinación), la conquista japonesa del mercado chino (el mercado interno más grande del mundo con mil trescientos millones de consumidores), el surgimiento de Japón como contraparte de Europa Occidental en la disputa “feroz y sin tregua” por la nueva hegemonía mundial, el triunfo de Japón sobre Europa y finalmente la seguridad de que, si la teoría de las ramas depresivas y expansivas del ciclo de Kondratiev sigue vigente, los años 2005 a 2025-2050 serán de crecimiento del empleo y la inversión en el mundo y de expansión de los flujos comerciales.




EL TERCER MUNDO

Los “países del sur”, como también se suele llamar a los del tercer mundo, ocupan un espacio en la teoría wallersteniana y desde esta perspectiva, tres han sido las respuestas que nuestros países han comenzado a desarrollar ante la marginación de que son objeto en este proceso (como en todos los procesos mundiales de trascendencia) por el “primer mundo”.

1. Migración masiva, creciente, intensa e irrefrenable desde la periferia hasta los centros del moderno sistema mundo. Ello intensificará las luchas civiles por los derechos a la igualdad, por la tolerancia y por el respeto a los derechos sociales de los migrantes y más allá de ello variará de manera sustancial la composición geográfica de estos países.
2. Un distanciamiento y negación del proyecto de la modernidad capitalista que implica que cada vez más naciones le “dan la espalda” y como en Irán con el Ayatola Jomeini o en México, con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, platean una suerte de fundamentalismos modernos, refugiándose en tradiciones y cosmovisiones locales; y
3. La utilización de los arsenales inventados y fabricados por las potencias primermundistas, para desafiarlos abierta y directamente como lo atestiguamos con Irak y Afganistán.



CRÍTICA

Las anteriores, han sido a mi juicio, algunas de las aportaciones más reveladoras de este gran “futurista” que es Immanuel Wallerstein. A fuerza de ser críticos, habremos de decir, sin embargo, que la visión por momentos asombrosamente congruente y convincente de Wallerstein, no resulta suficiente para concebir un orden radicalmente diferente al en que vivimos. Wallerstein habla de una crisis que durará tal vez hasta cincuenta años más. Ello hace dudar a cualquier mente medianamente escéptica de su real posibilidad. A más de ello no encontré, no se si por deficiencias en mi lectura, o por omisión del autor del libro en comento o tal vez por omisión del mismo Wallerstein, una propuesta específica y pormenorizada, más allá de moderados instigamientos a una revolución mundial, de cómo podría ser ese “sistema” ideal candidato a reemplazar al capitalismo. Percibo una crítica destructiva al capitalismo, a sus valores y a sus gobernantes y un alud de alabanzas para la sociedad civil, pero ni un atisbo, por mínimo que fuera de una alternativa real y factible por construir. Lo único evidente que percibí es que nada dura para siempre y que hoy son los Estados Unidos, pero mañana … quien sabe, Japón tal vez, el tiempo lo dirá.


Oaxaca, Oax. mayo de 2004.



Citas

(1) Carlos Antonio Aguirre Rojas. IMMANUEL WALLERSTEIN. CRÍTICA DEL SISTEMA – MUNDO CAPITALISTA. Ed. Hera. México D.F. 373 páginas. p.35
(2) Opus. Cit. p.72
(3) Opus Cit. p.73
(4) Opus Cit. p.74.

sábado, 6 de diciembre de 2014

LAICO CATÓLICO

Moisés MOLINA

¿Cómo olvidar “El callejón de los Milagros”? ¿Quién no recuerda la Ley de Herodes? ¿Quién no vio “El crimen del padre Amaro”? Esta última, la película más taquillera en las historia del cine mexicano. ¿Por qué, entonces, casi nadie de quien las vio sabe quién fue Vicente Leñero? Si ubican el nombre, seguramente es, para no variar, porque acaba de morir y muchos no terminan de explicarse por qué fue noticia nacional. Las 18 películas, cuyos guiones escribió, son probablemente, la parte más modesta de su legado.

Leñero escribió el guión de las dos primeras y adaptó para el cine, respecto de la segunda, la novela original de José María Esa de Queiroz escrita en 1900.

Es natural. Novelista, guionista, periodista, dramaturgo y por si algo faltara, ingeniero civil de profesión, Vicente Leñero era una especie de eslabón perdido; como todos los genios, lleno de aparentes contradicciones y contrastes. Intentaron atraparlo en un falso dilema. Para los periodistas era un escritor y para los escritores era un periodista. Aunque quizás el dilema no era tan falso y lo resolvió él mismo cuando en entrevista para Letras Libres confesó: “No soy un escritor, aunque he escrito muchas cosas, la mitad debí no haberlas escrito”.

A la par que estudiaba Ingeniería civil, se inscribía en la Carlos Septién a estudiar periodismo.

Si Justo Sierra fue un liberal conservador, Leñero fue un Laico católico. Fue Lasallista, su círculo cercano de amigos entre quienes se encontraban Gabriel Zaid y Javier Sicilia eran también católicos, aunque en modo diferente. ¿Cuál era el contraste? ¿Cuál fue la razón de fondo de su distanciamiento con Zaid? Creo que se puede resumir en sus propias palabras; en “El evangelio de Lucas Gavilán escribió: “Lo único que puedo decirle y hasta jurarle es que hay ateos más cristianos que los cristianos, y cristianos más ateos que los ateos”.

“También los laicos somos iglesia católica y tenemos el derecho de señalar y denunciar, hasta despotricar, lo que ocurre en nuestra realidad religiosa”, le confió a Silvia Cherem en entrevista.

En lo personal, confieso que tengo una especial empatía con los hombres de letras que escriben de futbol y Leñero nos regaló “Así juegan”, no obstante su deporte favorito era el beisbol.

Leñero fue uno de los Fundadores de Proceso. Terminado el sexenio de Luis Echeverría, la nueva revista que reagrupaba a los expulsados de Excélsior pudo haber tenido otro nombre. Leñero quería que le llamaran “Expresión”, pero prevaleció “Proceso”, que había sugerido Enrique Maza.

A pesar de sus contrastes y –como expuso hace unos días Luis de Tavira a la audiencia de Carmen Aristegui- de su pasión por la verdad, Leñero fue de esa extraña especie del hombre de letras que no le tiene fobia a los políticos. Sus razones, nadie las podría resumir con tanta maestría como él mismo: “…a mí tampoco me gusta mucho acercarme a los políticos... a los poderosos... pero entonces, ¿cómo vamos a conocerlos? Hay que verlos de frente, respirarlos, descifrarlos, y después escribir de ellos para los lectores”, explicaba a Martín Moreno mientras desayunaban FIL de 2006 en su natal Guadalajara.

Leñero se une a esa cauda de inmortales escritores de páginas sin tiempo y sin edad, de héroes culturales, de justicieros a pluma armada.

Bellas Artes no podía ser mejor escenario para despedirlo. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Ahí estaba Leñero, de vuelta al polvo. En la estrechez de su urna cupo la inmensidad de su herencia cultural.

Descanse en Paz Vicente Leñero.

Twitter @MoisesMolina

lunes, 1 de diciembre de 2014

HASTA SIEMPRE

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA

México ha perdido a un héroe cultural, un emblema, un embajador del ingenio. Y es que si en una de sus acepciones, la cultura tiene que ver con el cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre, a Roberto Gómez Bolaños no se le puede negar, bajo ninguna condición ese título.

No por nada Agustín Delgado le impuso el mote de “Chespirito”. Por su genio y talento le consideraba un pequeño dramaturgo, un Shakespeare mexicano. México perdió al único super héroe latinoamericano con el “chapulín colorado”. ¿Por qué chapulín? Muy probablemente porque la madre de Chespirito era oaxaqueña, de Tlaxiaco.

“Se me chispoteó”, “fue sin querer queriendo”, “la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos, Lucas”, “tómalo por el lado amable”, “síganme los buenos”, “¿insinúa usted que soy viejo?”, son algunas de las frases que muchos latinoamericanos conservamos en la mente como una especie de legado, de herencia. A través de esas “bullets”, Chespirito inaugura, en algún sentido, la mercadotecnia moderna.

La revolución se institucionalizaba con Plutarco Elías Calles y Roberto Gómez Bolaños estaba naciendo en 1929. Acompañó la mayor parte del siglo XX y buena parte del XXI. Sus personajes siguen arrancando risas dentro y fuera de México. A Gómez Bolaños se le venera en otras partes del mundo .

El mismo Maradona llegó a decir que después de una derrota lo único que lo reanimaba era ver a Chespirito.

Hay para quienes las de Gómez Bolaños eran idioteces. El genio no tiene por qué ser violento, ni lascivo. Entre el cine de ficheras, la comedia de albures y el doble sentido, Chespirito fue el genio del humor blanco, humor con mensaje. Valores eran los que inspiraban sus personajes: honestidad, generosidad, amor, justicia, solidaridad. Qué bonita vecindad.

¿No es extraordinaria, genial la alegoría de un niño que vive en un barril y cuyo más grande sueño es siempre una torta de jamón? ¿O la del super héroe paladín de la justicia con antenitas de vinil, pastillas de chiquitolina y un chipote chillón? No hay armas ni sangre, no hay altisonancias ni doble sentido.

A Chespirito, en un principio aficionado al Guadalajara y después totalmente americanista, le gozamos en la infancia y le seguimos disfrutando a la distancia. El suyo es un humor sin tiempo y sin edad. En estos momentos de violencia y tragedias nacionales, debíamos tenerle más presente, hasta por salud mental.

Un homenaje nacional en el estadio Azteca, con una flor en la mano de todos los asistentes, no es para menos. Roberto Gómez Bolaños es parte, nos guste o no, de la cultura y de la historia de México. Es, como se escribe en el diario “La Razón”, “ícono de la cultura de masas en América Latina”.

Con su ausencia física regresa nuestra infancia, grita ese niño que todos llevamos dentro; nuestros sentimientos se encuentran y encuentran síntesis en la gratitud que debe sentirse ante toda manifestación del genio.

Lo he repetido muchas ocasiones; qué más da una más: “los hombres no mueren mientras viven en las mentes de otros hombres” y si pasado el tiempo le llegamos a extrañar algunos, a olvidar otros, habrá sido sin querer queriendo.

Hasta siempre Roberto Gómez Bolaños.

Twitter: @MoisesMolina

domingo, 14 de septiembre de 2014

PERIODISMO, ÉTICA Y PODER

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA


A mi amigo Diego Carreño que
representará a Oaxaca en el Concurso
Nacional de Oratoria del diario “El Universal”


Hace ya casi 11 años que apareció, por primera vez en El Imparcial, La X en la Frente. Visiblemente no soy periodista, pero el escribir y publicar se ha vuelto consustancial a mi existir.

Quienes ejercemos el oficio más antiguo y desprestigiado del mundo, que es la política, estamos doblemente expuestos a la crítica cuando de publicar opiniones se trata. Pero ello no es un impedimento, más bien un reto para hacerlo y tratar de cumplir con los lectores.

Es por ello que no puedo ser ajeno a las causas del periodismo, de la prensa libre; de las y los trabajadores de los medios de comunicación que, desde “la línea de fuego” (como dijo Paulina Rios) hacen posible el milagro de la información. Son los periodistas la pieza más importante en el ejercicio del derecho a la información que tienen los ciudadanos.

A invitación de mi amigo José Luis Sarmiento (aunque Daniela Pastrana haya dicho que periodistas y políticos no tienen por qué ser amigos) acudí a la clausura de la Jornada “Periodismo, Ética y Poder”, esfuerzo coordinado de periodistas oaxaqueños e instituciones de educación superior.

El presídium demostraba que si periodistas y políticos no deben ser amigos, no tienen -al menos- por qué ser enemigos. Tres diputados locales, el padre Barragán, el propio Pepe Sarmiento y la invitada especial, Daniela Pastrana.

Más allá de los predecibles mensajes oficialistas locales, fue un deleite escuchar a Daniela. Regularmente es música para los oídos la música que nos viene de fuera, que canta nuestra realidad vista desde “arriba”, sin compromisos, ni ataduras de ningún tipo.

Irreverente pero respetuosa y en todo momento impecable en su léxico, Pastrana vino a dar cátedra, más que de otra cosa, de solidaridad y compromiso con su causa que es la causa de los periodistas de Oaxaca.

¿El tema central? La imposible Ley de Protección a Periodistas. Y es que el periodismo –amable lector, no escapa a la costumbre trienal del congelamiento. Para el legislativo todo parece prioritario, menos lo prioritario.

Por un momento parecieron confundirse las demandas del gremio y la confusión se resumía en una ingeniosa construcción semántica de José Luis Sarmiento: el chayote institucionalizado.

No dudo que haya sido buena la intención de los legisladores al hacer hincapié en la necesidad de un “fondo” como parte central de lo que debía ser la Ley de Protección a Periodistas, pero no debió ser el argumento de fondo.

Daniela Pastrana fue clara cuando decidió ir más allá: “No es obligación del Estado proteger a los periodistas; la obligación del Estado es garantizar el derecho de los ciudadanos a información de calidad”.

La información veraz y oportuna no tiene otra fuente que los propios periodistas, por eso no hay que protegerlos a ellos, hay que proteger su trabajo. Los gobiernos han sido ciegos a la lógica de estas premisas y tienen por caprichos las demandas del periodismo organizado.

La Ley de Protección al Periodista claramente no busca privilegios si no la salvaguarda, en esencia, del derecho a la información y no solamente de la libertad de expresión.

Hace tiempo que Daniela Pastrana no trabaja para ningún medio mexicano. De ahí venga, probablemente, la mayor dosis de su claridad en el tratamiento del tema y hay que agradecer que esa claridad se comparta.

¿Qué hace falta? De las cuatro iniciativas que han estado esperando el deshielo en el congreso del estado, ninguna corresponde a los periodistas organizados. Creo que es hora de que, con toda la capacidad de presión social que tienen a su alcance, los periodistas se organicen y le regalen a Oaxaca una iniciativa de ley que, desde ya, el Partido Verde ecologista de México en Oaxaca, se compromete a impulsar y a coadyuvar en su formulación.

En una coyuntura donde el Congreso del Estado se mueve a voluntad de escasos tres o cuatro nombres, la iniciativa debía prosperar sin mayores complicaciones si los periodistas se organizan verdaderamente y se aplican a fondo. Concitarían, sin problema, la simpatía y el respaldo social necesario y sobrante.

Twitter: @MoisésMolina

viernes, 29 de agosto de 2014

POLÍTICOS MEDIOCRES

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA

El actual estado de cosas en Oaxaca puede asumir las más diversas explicaciones. Últimamente he estado cavilando en torno a una de ellas; no con un afán ocioso, sino de transformación. Es menester poner manos a la obra porque si lo hacemos todos así, el cambio es posible.

Cuando, a diario, interactúo con mis compañeros y amigos, veo sus rostros, escucho sus palabras, comparto sus ideas y atestiguo sus sueños; cuando sé de sus proyectos y atisbo sus muy diferentes formas de concebir la realidad y de encarar la vida, la chispa no solo se manifiesta, sino deslumbra. Recibo el mensaje de que hay presente y hay futuro, porque hay esperanza.

A esos guerreros y guerreras de la vida -anónimos para muchos- van dedicadas estas líneas. No solo a los verdes, sino a todos aquellos que desde su militancia o desde su apartidismo, hacen lo que pueden y no se resignan a ser espectadores.

La política en Oaxaca (y no se necesita pertenecer a un partido, estar en el gobierno o ser diputado para hacer política) ha caído en la peor de las desgracias: la mediocridad.

¿Quién es un político mediocre? El que subsiste, el que sobrevive, el que se deja arrastrar por la corriente de los acontecimientos; el que no se informa; el que escucha noticieros o lee periódicos o revistas satisfecho del morbo; al que le da igual que las cosas cambien o no, lo mismo que quien desea que los cambios se den sin mover un dedo.

Un político mediocre es el que administra la eufonía de un membrete; el que reduce su tarea a repartir tarjetas de presentación y espera que se le rinda pleitesía; el que vive en un Olimpo y quien no se puede tocar ni con el pétalo de un tweet.

La mediocridad gangrena al que espera hasta el último momento para definirse, para abrazar una causa. Un político mediocre es quien busca siempre el confort que brinda la seguridad de saberse con el ganador; el que no está dispuesto a arriesgar nada; el que no busca y ni siquiera se deja encontrar.

Un político mediocre es un ser humano sin hambre de futuro, sin metas; el que pusilánime se incomoda y estalla en cólera ante la acción y el trabajo de otros; el que solo quiere hablar y no tiene nunca tiempo para escuchar; el que manda acostumbrado a que su voluntad siempre se haga y no participa, no se involucra, no arrastra con el ejemplo.

¿Cuál es la clave contra la mediocridad? Pasión, vocación o inspiración que sin ser lo mismo, comparten la misma raíz emocional.

¿Tenemos políticos apasionados? ¿Tenemos políticos con vocación? ¿Tenemos políticos inspirados?

Hace no mucho leí a Valdano, que para ser futbolista es mejor político que muchos que conocemos. Me atrapó la forma en que concibe la pasión: “La pasión contiene el amor a la tarea, y esa emoción se las ingenia para convertir en reto las largas sesiones de entrenamientos; en tolerable la disciplina de eso que hemos dado en llamar ; en seductores, los sueños que anticipan días de gloria”.

¿Qué decir respecto de la vocación? De mi actual lectura comparto: “Entre sus varios seres posibles, cada hombre siempre encuentra uno que es su ser genuino y auténtico. La voz que lo llama a ese ser auténtico es lo que denominamos ”.

Tenemos, en exceso, políticos cuyo ser “genuino”, “auténtico”, es de empresarios, de médicos, de arquitectos, de comerciantes, de artistas, de agitadores, de estafadores. Su vocación es otra, no la política; de ahí que a los gobernados les regalan solo tristezas, amarguras y sin sabores, siendo que el fin de la política es la felicidad.

¿Por qué necesitamos políticos inspirados? Dejémosle la respuesta a Greene: “Cuando llevamos a cabo una actividad que responde a nuestras inclinaciones más hondas, quizá experimentemos un dejo de esto: la sensación de que las palabras que escribimos o los movimientos que hacemos ocurren con tal rapidez y facilidad que nos llegan de fuera. Nos sentimos literalmente , palabra latina que significa que algo externo alienta en nuestro interior”.

He ahí las razones de los políticos chambistas, lacónicos, pusilánimes, ayunos de emociones, hastiados, fastidiados, sin ubicuidad. He ahí la explicación del que habiendo ganado una elección o alcanzado un nombramiento o designación, cambia radicalmente su actitud y se desentiende, se ausenta, renuncia a lo que debía ser el más alto honor: servir.

Después de satisfecha la necesidad de triunfo y reconocimiento, al ego no le sirve el servicio. Muerta la capacidad de asombro, atrofiada la disposición a aprender caminan como en un campo minado. Su única preocupación es no pisar en el lugar equivocado. No hay que arriesgar, no hay lugar a la temeridad, hay que aguantar, mediocremente.

Ya basta de políticos a quienes no les guste lo que hacen; ya basta de políticos obsesivos de la manera más fácil posible de ganar dinero.

Oaxaca merece políticos con vocación, con pasión e inspirados que estén dispuestos a transformar más allá de los aplausos, más allá de las críticas, más allá de los periodicazos, lejos de las consignas.

Esa no puede ser tarea de nadie más que de la nueva generación.

lunes, 25 de agosto de 2014

GABINO, REACCIONA!

LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA


¿Qué hacer frente al hartazgo? La gente, nuestra gente, parece estar harta de todo; hasta de la política, de los partidos, de los mismos de siempre, de la falta de oportunidades, de una situación económica personal de insatisfacción; harta de las campañas, de los diputados, de los senadores y de su gobernador.

La gente está hasta del cambio porque ya no encuentra referente y lo resume en un ardid publicitario, un engaño.

¿Qué ha cambiado en Oaxaca? Prácticamente nada y los cambios perceptibles son para mal. Falta de circulante, parálisis económica, partos en los patios de las clínicas, desabasto de medicamentos, un creciente número de negligencias en diverso grado en las instituciones públicas de salud; un vacío de autoridad capitalizado por la delincuencia, asaltos (lo mismo a autotransportes turísticos que a comunicadores), un secretario de seguridad pública erigido en capricho gubernamental, una ciudad secuestrada por organizaciones sindicales que paralizan no solamente el tránsito vehicular.

La violencia parece ser la constante en Oaxaca; violencia de palabra y obra que la omisión gubernamental incentiva. El ejecutivo ya no ejecuta, pretexta.

No sé si exista un estado más sufrido que el nuestro. No sé si exista parangón en estoicismo para una ciudadanía que ha soportado de todo y que ha sido testigo de todo lo que el anti gobierno pueda significar. En Oaxaca, claro está que no se gobierna, se administra el conflicto.

Los operadores más experimentados no han podido hacer nada, simple y sencillamente porque no hay liderazgo, una punta de lanza, una figura de autoridad que infunda respeto, que encarne la investidura. Y lo más grave es que al gobernador no parece importarle.

Gabino Cué se ha alejado paulatinamente de su pueblo, de ese que se volcó en las urnas para elegirlo, porque de los demás nunca pareció ocuparse; nunca los vio, nunca los escuchó.

La oposición es una entelequia y ¿cómo no serlo cuando el poder es ciego y sordo? Ensimismado en soliloquios complacientes, en notas pagadas, ayuno de reflexión disfraza la complacencia con harapos de tolerancia; oculta la incompetencia tras montañas de excusas que ya a nadie importan.

Los ciudadanos, los pocos que se organizan sienten una doble impotencia; impotencia por la situación reinante de inseguridad, caos y crisis económica e impotencia por la sordera y ceguera de quien debía estar obligado no solo a escuchar, sino a responder.

¿Para qué gobernar entonces? ¿Para qué el poder? ¿Qué motiva al gobernante a permanecer en el cargo?

Quizá sea solo mi percepción, pero al gobernador se le nota cada vez más el fastidio. Lo que debía ser el más alto honor para un oaxaqueño, parece haberse convertido en el mayor lastre, en la más grande molestia. Con ese ejemplo ¿qué esperar de sus funcionarios?

¿Le tocó a usted ver a Gabino candidato? ¿Es el mismo en actitud como gobernante?

La diferencia visible entre candidato y gobernante debía ser que el primero representa a un partido o a una coalición o, si se le quiere ver de distinta forma, a un proyecto político, mientras el segundo representa a todos, gobierna para todos. Gabino no gobierna para nadie; en este último trecho parece no gobernar ya ni siquiera para el mismo ni su grupo.

Lo lamentable no es ya si Gabino se separa o no del cargo, que renuncie a sus funcionarios; lo desolador son los argumentos que está procurando a la gente para responderse ¿para qué votar? No es ya solamente asunto del poder ejecutivo, del gobierno; es asunto de la democracia y de uno de sus valores centrales: la participación.

Este gobierno podría tener como principal herencia más abstencionismo. A estas alturas haga usted –amable lector- el siguiente ejercicio: Diga en voz alta lo primero que se le venga a la mente cuando lea “Gabino”. Probablemente no alcance usted a hilar una frase, ni siquiera una palabra. Tal vez una elocuente expresión se dibuje en su rostro como un acto reflejo.

¿Qué hacer para que nuestro gobernador entienda dónde está sentado? ¿Qué hacer para qué reaccione? ¿Qué hacer para que el gobierno recupere sus pies y sus manos y le sirvan para algo más que para tomarse la cintura y rascarse la cabeza? ¿Qué hacer para que abra los ojos, se destape los oídos y asuma la responsabilidad por millones de personas afectadas por el accionar del gobierno? Seguro de que nuestro gobernador ni siquiera leerá esta columna y con serias sospechas de que ya ni siquiera lea la prensa, le dejo a usted estas interrogantes.

La respuesta debía estar en el legislativo, dándole sentido al equilibrio de poderes. Pero el legislativo parece haber caído también en la trampa del ornato. Ni lo ven ni lo oyen, quizás porque no habla fuerte ni claro.